lunes, 24 de junio de 2013

¿Por qué invertir en educación? Sin educación no hay futuro

Muchos autores han encontrado correlaciones más o menos fuertes que interaccionan en una compleja red entre la siguientes variables que en cada país y cada región de un país pesan e interactúan de distinta manera: Confianza en las instituciones, cultura cívica y asociatividad, confianza interpersonal, infraestructura física y energética, normas adecuadas y respetadas, estrategias regionales, estrategias de cluster, instituciones políticas, volumen y calidad de los instrumentos de gasto en I+D+I, educación a todos los niveles, innovación y competitividad, y equidad en la distribución del ingreso. 

Tras el continuo ataque que estamos sufriendo en España hacia la educación pública especialmente en la figura del Ministro de Educación José Ignacio Wert; sin duda una educación pública muy mejorable, pero siempre con el compromiso por la igualdad de oportunidades en su acceso, pues en la experiencia de cada uno inciden circunstancias particulares que son muy diferentes y pueden incidir muy negativamente en las posibilidades reales de formación para personas con situaciones desfavorables; lo que no quiere decir que no sean personas capacitadas y que “deberían estudiar otra cosa”; voy a exponer brevemente la conexión existente entre capital humano y crecimiento.
Si bien preferiría vincularlo con el desarrollo, como advirtiese el Nobel de Economía en 1971 Simon Kuznets "hay que tener en cuenta las diferencias entre cantidad y calidad del crecimiento, entre sus costes y sus beneficios y en el plazo corto y el largo. [...] Los objetivos de "más" crecimiento deberían especificar de qué y para qué”. Por tanto, sería conveniente tener en cuenta la calidad del crecimiento y no solo la cantidad, si queremos avanzar hacia un crecimiento sostenido que lleve a un desarrollo real, y no ficticio como años atrás con la burbuja inmobiliaria.
La percepción de esta relación no es ni mucho menos reciente. La idea de que cualquier economía, desde la más tradicional o rudimentaria hasta la más interconectada y tecnológica, es necesariamente una economía basada en el conocimiento de los individuos y agrupaciones de individuos que la componen queda reflejada en los textos económicos desde la fundación de la teoría económica. Adam Smith en “La riqueza de las naciones” ya señalaba que la mejora en la cualificación de los trabajadores es la fuente fundamental del progreso económico y del bienestar. Alfred Marshall en sus “Principios de economía” también insistía en que el capital más valioso de todos es el que se invierte en los seres humanos. Sin embargo, la mejor explicación de la importancia del capital humano en relación con el crecimiento proviene de un sabio proverbio chino que dice así: “Si haces planes para un año siembra una semilla; si lo haces para diez planta un árbol; si lo haces para los próximos cien años enseña al prójimo. Si siembras una sola vez recogerás una cosecha; si enseñas a quienes te rodean recogerás cien.” 

Ya en el modelo neoclásico de crecimiento de Robert Solow, Nobel de Economía en 1987; que toma el avance científico y tecnológico como exógeno; calculó a través del estudio del crecimiento en EEUU de la primera mitad del siglo XX que cuatro quintas partes del crecimiento norteamericano eran atribuibles al progreso técnico, debido no solo a la innovación tecnológica sino principalmente a la calidad de la mano de obra o capital humano. El análisis de Solow muestra que en los países avanzados la innovación tecnológica contrarresta los rendimientos decrecientes, obteniendo más producción, aún con la misma cantidad de capital y trabajo.
A mediados de los 80 y primera parte de los 90, los economistas Paul Romer, Robert Lucas y Robert Barro, entre otros, desarrollaron la “teoría de crecimiento endógeno” sin tomar como exógenos el progreso técnico, sino como resultado de una actividad competitiva derivada de mayores inversiones en educación, formación, investigación y desarrollo, es decir, en capital humano, y que éste tiene rendimientos crecientes, en contraposición del capital. Los resultados obtenidos en estudios en diversos países mantienen que el capital humano incide positivamente en la innovación y el conocimiento contribuyendo de manera significativa a potenciar el crecimiento.

Cuando los economistas hablamos de capital humano solemos referirnos al stock de conocimientos y de habilidades útiles a la producción que acumulan los individuos y las organizaciones, sean estas empresas o países. Sin embargo, el alcance del capital humano es muy amplio, ya que existen muchas repercusiones que trascienden el ámbito de las dinámicas productivas sin dejar por ello de ser repercusiones económicas. Al incidir y fomentar la expansión de las capacidades de los ciudadanos; como remarca otro Nobel de Economía, Amartya Sen; la mejora de su educación y formación les permite una mayor libertad e información para tomar unas decisiones más acertadas como consumidores, productores y ciudadanos, sirviendo como catalizador de cambios en la sociedad y permitiendo el desarrollo social.
Pero entonces, ¿por qué los políticos ante estos beneficios tangibles no deciden invertir más en educación y en capital humano? Al cortoplacismo característico de nuestros políticos que les hacer rehuir a la hora de acometer una inversión a largo plazo como es la educación se ha unido el afloramiento de su carácter autoritario en una época de graves dificultades, que precisa de una necesidad mayor de adoctrinar que de educar, buscando mantener un elevado nivel de desigualdad, factor que ralentiza el crecimiento como admiten desde principios del milenio instituciones internacionales como el Banco Mundial y el FMI. ¡NO PERMITAMOS QUE RECORTEN MÁS EN EDUCACIÓN, ES NUESTRO PRINCIPAL ACTIVO PARA CONSTRUIR EL FUTURO QUE QUEREMOS!

 
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3 comentarios:

  1. Hola soy Ana de Blogginup.com.

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  2. Muy buen artículo. Es muy difícil encontrar un equilibrio en temas educativos cuando la política económica está totalmente apartada del tema, pero la realidad es que es fundamental el replanteamiento y de reestructuración de las bases de los sistemas educativos del mundo. Más allá de lo económico, un pensador que me parece interesante al respecto es Ken Robinson, quien resalta el valor del arte, de la creatividad y de encontrar y desarrollar las pasiones de uno mismo, tareas que deberían abordar la educación. Saludos desde Argentina!

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  3. Gracias Cristian :) En eso consiste la libertad que creo es algo que la educación potencia, y que permita se puedan dar las condiciones para que cada uno pueda desarrollar sus pasiones artísticas y de todo tipo ;) Un saludo

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