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miércoles, 26 de marzo de 2014

El dinero no es deuda


Esta entrada me he animado a escribirla al ver, durante estos días, cómo circula por la red la traducción de un artículo de David Graeber en el medio de comunicación inglés “The Guardian”, donde el principal mensaje es la popular y errónea consigna de que “el dinero es deuda”. Este hombre, antropólogo de formación (cabe decir que no tengo nada contra los antropólogos, ni contra su área de investigación y métodos, todo lo contrario), se basa en una publicación del Banco de Inglaterra en la cual se trata de explorar algunos mitos o creencias falaces sobre la creación de dinero ampliamente difundidas, donde remarcan que el dinero actual es dinero crédito, generado por los bancos privados, muy diferente a la noción de dinero mercancía de los modelos neoclásicos actuales, los cuales toman el dinero como exógeno en un sistema donde los bancos son meros intermediarios. Hasta aquí bien, pero hay más, un proceso por el cual se explica el proceso de creación de dinero y le da la característica de flujo, y no de stock, que parece habérsele olvidado a David Graeber, claro que así visto, el titular y el atractivo de su brillante y audaz “descubrimiento” no sería tal.

Mi crítica va a estar fundamentada a través de una breve exposición de lo que se conoce como Teoría Monetaria del Circuito, en la cual, como señala el Banco de Inglaterra, también el dinero es endógeno, por lo cual no puede ser fijada su cantidad de manera arbitraria por el Banco Central, siendo fundamental para el proceso económico al permitirse crear dinero conforme lo demanda la economía. Esta teoría es contraria a quienes apoyan la vuelta al patrón oro o el requerimiento de reservas del 100%, situaciones ambas que estrangularían la actividad económica y aumentarían la competencia por la escasez de dinero, creando graves distorsiones en la distribución y agravando los conflictos entre grupos sociales, por lo cual, no es de extrañar que sean éstas propuestas hechas por grupos englobados dentro de la ideología neoliberal. De aquí se deriva además, que la causalidad comúnmente publicitada de que la inflación es ocasionada por una excesiva tasa de crecimiento de dinero, es errónea, yendo en realidad en sentido opuesto. Así, es la tasa de crecimiento de los precios y de la producción lo que va a incidir sobre la tasa de crecimiento del stock de dinero, y por tanto, la inflación debe explicarse por otros factores.
La oferta de dinero se halla determinada por la demanda de créditos y las preferencias del público, invirtiendo la causalidad neoclásica donde el ahorro precede a la inversión, y donde la relación entre bancos y empresas rompe la dicotomía clásica entre economía real y monetaria, acercándose a lo que denominó Keynes como una Teoría Monetaria de la Producción. Se subraya la naturaleza del dinero como deuda, siendo éste una variable flujo, no stock, puesto que se crea y se destruye con la concesión y cancelación de créditos bancarios, concepto muy diferente de la propaganda ultraliberal en la que han caído supuestos “revolucionarios anticapitalistas” de manera ignorante, gracias a documentales como Zeitgeist, Money as debt, o The money masters, y que toma como punta de lanza una falacia bien conocida en Internet, que el dinero es deuda, obviando todo el proceso del dinero como flujo explicado muy bien por los circuitistas francoitalianos, con referencia obligada a autores como Parguez, Graziani, Rochon y Secareccia, aunque también destacan en este aspecto otros, como los norteamericanos como Davidson, Moore y Lavoie, entre otros. Todos ellos se encuadran dentro de enfoque postkeynesiano de la Economía (fuera de la corriente neoclásica en la que sí están neokeynesianos y nuevos keynesianos), cuyos principales antecedentes son Keynes y Kalecki, si bien están presente otros como Schumpeter, Wicksell, Minsky y buena parte de economistas de Cambridge a quienes se les considera iniciadores de esta escuela como Kaldor, Robinson, Sraffa y Pasinetti. La referencia a diversos autores y temas de investigación de esta escuela puede dificultar su delimitación, sin embargo puede observarse un núcleo común como han sugerido Eichner (1984), King (2002) y Lavoie (2005) (he puesto estos autores porque son quienes tienen publicados libros en castellano con una introducción a la Economía Postkeynesiana).


Para explicar muy brevemente la Teoría del Circuito Monetario, me basaré en el libro “La fragilidad financiera del capitalismo”, coordinado por los profesores del departamento de Economía Aplicada y Finanzas de la Universidad de Castilla-La Mancha Oscar de Juan y Eladio Febrero, concretamente en el capítulo de éste último titulado “Inestabilidad financiera, una interpretación desde la óptica de la Teoría Monetaria del Circuito” (recomiendo a quien esté interesado ir a la fuente, por los errores que yo pueda cometer en sintetizarlo o al introducir comentarios míos sobre ello, pese a que intentaré reproducir lo dicho por este autor con la mayor exactitud posible, lo que en alguno de los párrafos haré prácticamente de forma literal). Así, en un sencillo modelo en el cual se consideran dos sectores productivo y sin sector público:


 En la figura de arriba, tenemos que la flecha con un (1) se corresponde con la fase de flujo; la numero (2) con la fase de circulación; la (3) al pago de salarios a los trabajadores del banco, con cargo a los intereses a cobrar al prestatario; (4) ilustra la fase de reflujo; (5) corresponde a la fracción de ahorro de los trabajadores que se deposita en los bancos; y (6) a lo que los trabajadores envían a los mercados financieros.

S. Bk (sector que produce bienes de capital) va a comenzar un nuevo proceso de producción y el nivel de producto a enviar al mercado va a depender de sus expectativas de demanda efectiva. En función de estas, solicita un crédito al banco (privado) para pagar los salarios de sus trabajadores (Lk). El banco concede tal crédito, creándole un depósito emitiendo deuda contra sí mismo con el objeto de que se “monetice” una transacción entre terceros (S. Bk y Lk). Suponemos que los trabajadores emplean su salario completamente en la adquisición de bienes de consumo, producidos por S. Bc, sector que utiliza la liquidez recibida mediante la venta de su producto a Lk, para pagar salarios a sus trabajadores Lc que, a su vez, también la emplearán en adquirir bienes de consumo. Con la liquidez de vuelta en S. Bc, este sector puede emplearla en la adquisición de bienes de capital necesarios para producir más bienes de consumo en el siguiente período de producción. Así, la liquidez va a S.Bk, que la obtiene mediante la venta de su producto a S.Bc, lo que permite al prestatario estar en disposición de devolver la deuda contraída inicialmente con el banco, desapareciendo de un modo simultáneo el crédito y el depósito. Lo expuesto en este párrafo debe dejar claro que el dinero no es una variable stock, sino un flujo que se crea con la concesión de créditos y se destruye con la cancelación de las deudas, sin embargo quedan cuestiones pendientes.

¿Cómo se pagan los intereses bancarios? En el momento en que el banco concede el crédito a S.Bk, crea un depósito por valor M’=M (1+i), pero solo pone a disposición del prestatario un montante de dinero M (=wLk.). De este modo, el balance bancario se ve aumentado, y ahora el banco puede remunerar los factores necesarios para su operatividad (en este sencillo ejemplo suponemos que el banco solo requiere trabajadores) en una cuantía iM. Si los trabajadores del banco (Lb) gastan todos sus salarios en bienes de consumo, esta liquidez va a ir a parar a S.Bc, y este sector la va a utilizar para adquirir bienes de capital, de modo que dicha liquidez va después a las manos de S.Bk. De este modo, este último sector puede pagar el principal más el interés.

¿Qué ocurre si hay ahorro de los agentes? Desde la óptica del circuito se considera la posibilidad de que los agentes tengan dos alternativas para conservar sus ahorros: depósitos bancarios o activos financieros empitados por las empresas, que dependerá de la preferencia por la liquidez de los ahorradores. Quedaría tanta deuda por pagar como dinero han ahorrado los trabajadores, sin embargo imaginando que la preferencia por la liquidez es nula, todos los ahorros irían destinados a la adquisición de títulos financieros, permitiendo adquirir a las empresas no financieras por ésta vía lo que dejan de adquirir por la venta de sus productos, por lo cual de esta forma el circuito vuelve a cerrarse. Sin embargo, si los agentes desean mantener una fracción de sus ahorros en forma de depósitos bancarios, quedarían deudas pendientes de pago, apareciendo una fase adicional de intermediación bancaria donde las empresas refinancian su deuda convirtiéndola en deuda a largo plazo, utilizando los bancos para ello los depósitos de los ahorradores. Debe quedar claro que los depósitos bancarios son consecuencia de la fase de flujo, en contradicción con lo establecido a la teoría monetaria convencional.

Introduciendo un elemento institucional en el sistema descrito como es un Banco Central, sigue siendo válido que los créditos crean los depósitos y que la cantidad de dinero está determinada por la demanda de crédito y  por tanto, es endógena. Suponiendo que el Banco Central exige a los bancos privados un determinado volumen proporcional de reservas sobre los depósitos bancarios, ¿de dónde salen éstas? El banco privado no puede crear un depósito adicional al que conlleva el crédito, sino que pide las reservas prestadas al propio Banco Central, pagando un determinado tipo de interés fijado por éste de forma exógena, en proporción al montante del crédito, manteniendo al final del circuito únicamente como reservas la proporción a depósitos mantenidos por familias. Como se aprecia, las reservas no suponen una restricción a priori, sino que aparecen a posteriori. El Banco Central puede alterar las condiciones en que presta las reservas modificando el tipo de interés, pero no se negará a jugar el papel de prestamista de última instancia si ello es necesario para evitar una crisis de confianza que colapsaría el sistema financiero, y luego penalizará al banco en cuestión.
Si no hay límite a la creación de crédito, ¿significa que los bancos juegan un papel puramente pasivo operando como meros acomodadores de la demanda de crédito? No, los bancos deniegan créditos (o deberían para su supervivencia) a aquellos potenciales prestatarios que no presentan avales de suficiente garantía, además de estar sujetos a la supervisión bancaria del Banco Central (cuestión que presenta problemas por la opacidad e ingeniería contable en los balances de los propios bancos privados y la descoordinación entre Bancos Centrales para compartir información de los bancos privados que operan bajo su área de influencia). En cualquier caso, la posible no acomodación de la demanda de crédito no tiene nada que ver con restricciones exógenas de fondos prestables.

La inestabilidad financiera puede surgir, sin ser la única explicación ni ser excluyente con otras posibilidades, con un crecimiento desigual del mercado de bienes y servicios, por un lado, y del mercado financiero, por otro. Si aparecen estímulos a tomar dinero a crédito con la finalidad de invertir en mercados financieros, por motivos especulativos, es decir, con la finalidad de adquirir activos para venderlos posteriormente a un precio superior, ello provocará un aumento en el precio de éstos, aumentando la brecha con los tipos de interés y dando lugar a un incremento mayor del optimismo, dado que el coste del crédito es inferior a la ganancia que se obtiene de su uso. Conforme avanza la situación, el ritmo de expansión de los mercados financieros presenta un ritmo superior al del mercado de bienes y servicios (y mayor todavía que el de los bancos), inflándose el precio de los activos financieros (aquí también podríamos poner el ejemplo de los activos inmobiliarios) por encima del crecimiento de los beneficios derivados de la actividad de las empresas no financieras. Las empresas emplearán sus beneficios derivados de su actividad no financiera en la adquisición de activos financieros con fines especulativos, lo que en el acto provocará una “moderación” del crecimiento del sector no financiero, que no podrá mantenerse durante mucho tiempo. La razón del desplome es que las empresas siguen endeudándose, pero no con la finalidad de expandir la capacidad productiva, el dinero se crea (fase de flujo) pero no circula por el circuito real, sino por el financiero, lo que no da lugar a aumentos de gasto y producción (o al menos, no de forma automática, salvo que las ganancias realizadas en el mercado financiero se empleen en gasto en bienes y servicios). El flujo de retornos en el mercado de bienes y servicios deja de ser suficiente para devolver los créditos, provocando a los prestatarios la necesidad de desprenderse de algunos activos, con la finalidad de obtener liquidez. Si el ritmo de venta de activos provoca una cierta reducción en el aumento de los precios, algunos especuladores pueden verse tentados a seguir la corriente vendedora. Si algunos prestatarios no consiguen vender sus activos financieros a un precio superior al que los adquirieron, van a tener serios problemas para devolver los créditos, lo que se traducirá en incobrados para el banco. Esto, al mismo tiempo, puede provocar un aumento en la preferencia por la liquidez de los bancos (esto es, aumento de la percepción de riesgo de los créditos, por lo que o bien se niegan a prestar o lo hacen a un tipo más alto). La dificultad creciente para encontrar créditos puede entorpecer la actividad del sector real, provocando un desplome generalizado, haciéndose imprescindible la actuación de un agente (en este caso el Banco Central, aunque también puede ser el Sector Público mediante déficits) que, a consecuencia de la falta de demanda efectiva, torna ilíquidos los activos de los bancos por la falta de beneficios de los prestatarios, llevando a los bancos a no conceder créditos a empresas, lo que se traducirá en mayores problemas de demanda efectiva.


Vuelvo a incidir en que quien esté interesado vaya a la fuente de donde he sacado lo aquí expuesto y que pongo más arriba. Espero haber sintetizado las ideas de forma que quede plasmado que el dinero no es deuda tal y como se ha extendido por Internet, en especial por culpa de una serie de documentales que esconden una ideología ultraliberal, los cuales han sido profunda y agresivamente analizados en el blog Chemazdamundi, que recomiendo echar un vistazo por su esfuerzo por desenmascarar algunas de las teorías conspiranoicas que circulan por la red, y cuyo sencillo y atractivo mensaje, atrae a incautos por doquier. 


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miércoles, 4 de diciembre de 2013

Devastación de alta frecuencia, la última revolución en los mercados financieros.


La actual globalización financiera construida sobre la desregulación y libertad de los movimientos de capitales comenzada en la década de los 80; reforzada y fomentada después por las innovaciones en las tecnologías de la información, ha permitido operar en mercados financieros muy alejados geográficamente y de distintos husos horarios. Recientemente, se ha venido produciendo otra gran transformación en el mundo de las finanzas que nos explican en el documental francés “Trading de alta frecuencia”. Esta forma de operar está basada en órdenes de compra-venta, introducidas por los agentes financieros en unos ordenadores que denominan agentes robotizados, para un volumen y precio determinado de las acciones y en unas condiciones específicas, que son efectuadas en microsegundos; avanzada tecnología para la especulación siguiendo la máxima de comprar barato y vender caro.


Estas transacciones de alta velocidad poseen un elemento espacial pues, cuanto más cerca se esté del centro neurálgico financiero, más rápido circularán las ordenes de compra-venta; motivo por el cual según refleja el documental, la actividad de la Bolsa de París ha sido trasladada a la City de Londres, el principal centro financiero de Europa. Recibir la información y efectuar órdenes una milésima de segundo antes proporciona una ventaja frente al resto de competidores del mercado que puede proporcionar beneficios de millones de euros a los agentes financieros, sin embargo, la consumación de miles de estas órdenes por segundo hace a estos mercados más inestables y más volátiles. Aunque sus defensores argumenten que episodios de alta volatilidad no sean sucesos frecuentes, basta con que ocurran una vez para que miles de inversores pierdan todo su dinero y se lleguen a crear efectos devastadores sobre la economía real. La historia nos muestra que los episodios de fuerte volatilidad en los mercados de valores son acompañantes frecuentes de la reciente globalización financiera y, de una magnitud tan dañina en sus manifestaciones en la economía real, que debería ser un tema de extrema importancia para los gobiernos de todo el mundo no menospreciar estos riesgos, pues la preocupación surgida tras la quiebra de Lehman Brothers parece ser que se ha evaporado de la opinión pública así como de la agenda política.

Otra característica del Trading de alta frecuencia es su estrategia de operar en el mercado basada en algoritmos, el secreto mejor guardado de los agentes financieros que operan de esta forma, y que supone un problema de información imperfecta que va más allá de la capacidad de los grandes intermediarios financieros de evaluar la información frente a otros agentes, o del acceso a información privada que no tienen otros agentes. Además, este tipo de operaciones de alta velocidad dificultan la actuación de las instituciones supervisoras o reguladoras de los mercados de valores facilitando diversos fraudes como la saturación y las interferencias; como se expone en el documental con el caso de un “trader” holandés, condenado con una multa irrisoria por beneficiarse del efecto rebaño que él mismo provoca en el mercado, tras poner una trampa en la que otros inversores cayeron. Si un operador individual puede hacer tal manipulación del mercado, ¿qué no podrán hacer los grandes operadores institucionales?, esto supone otra muestra más de que los mercados financieros no son eficientes y de la existencia de avanzadas técnicas de arbitraje, que apunta más a una dinámica inestable que de equilibrio en los mercados financieros, sin entrar a valorar aquí la teoría de la agencia, el desigual acceso a la financiación y posibilidades de apalancamiento de los agentes, la estabilidad desestabilizadora de la cual habla Hyman Minsky, o los “animal spirits” que trataba Keynes y que el galardonado con el Premio Nobel de Economía Robert Shiller ha vuelto a poner de actualidad.

Las inversiones marcan el ritmo de la economía; y si los gobiernos siguen permitiendo que ésta función se parezca al funcionamiento de un casino, sumada a la anarquía del capital en un mundo global con diferentes reglas de juego, las cosas no harán más que seguir empeorando sin vislumbrar horizonte alguno de mejora. ¿Será la Tasa Tobin eficaz para limitar en buena medida los efectos de la especulación? Los resultados obtenidos en Francia parecen indicar que para los inversores “extranjeros” no supone dificultad alguna evitar el impuesto; además de ser una medida totalmente inútil sobre los efectos de transmisión de volatilidad que puedan producirse, dada la mayor integración de las economías de los países por motivo de sus vínculos comerciales y financieros y, en especial, por reacciones de los inversores por causas no relacionadas con los fundamentales del país.


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