La actual globalización financiera construida sobre la desregulación y libertad de los movimientos de capitales comenzada en la década de los 80; reforzada y fomentada después por las innovaciones en las tecnologías de la información, ha permitido operar en mercados financieros muy alejados geográficamente y de distintos husos horarios. Recientemente, se ha venido produciendo otra gran transformación en el mundo de las finanzas que nos explican en el documental francés “Trading de alta frecuencia”. Esta forma de operar está basada en órdenes de compra-venta, introducidas por los agentes financieros en unos ordenadores que denominan agentes robotizados, para un volumen y precio determinado de las acciones y en unas condiciones específicas, que son efectuadas en microsegundos; avanzada tecnología para la especulación siguiendo la máxima de comprar barato y vender caro.
Estas transacciones de alta velocidad poseen un elemento espacial pues, cuanto más cerca se esté del centro neurálgico financiero, más rápido circularán las ordenes de compra-venta; motivo por el cual según refleja el documental, la actividad de la Bolsa de París ha sido trasladada a la City de Londres, el principal centro financiero de Europa. Recibir la información y efectuar órdenes una milésima de segundo antes proporciona una ventaja frente al resto de competidores del mercado que puede proporcionar beneficios de millones de euros a los agentes financieros, sin embargo, la consumación de miles de estas órdenes por segundo hace a estos mercados más inestables y más volátiles. Aunque sus defensores argumenten que episodios de alta volatilidad no sean sucesos frecuentes, basta con que ocurran una vez para que miles de inversores pierdan todo su dinero y se lleguen a crear efectos devastadores sobre la economía real. La historia nos muestra que los episodios de fuerte volatilidad en los mercados de valores son acompañantes frecuentes de la reciente globalización financiera y, de una magnitud tan dañina en sus manifestaciones en la economía real, que debería ser un tema de extrema importancia para los gobiernos de todo el mundo no menospreciar estos riesgos, pues la preocupación surgida tras la
quiebra de Lehman Brothers parece ser que se ha evaporado de la opinión pública
así como de la agenda política.
Otra característica del Trading de alta frecuencia es su estrategia de operar en el mercado basada en algoritmos, el secreto mejor guardado de los agentes financieros que operan de esta forma, y que supone un problema de información imperfecta que va más allá de la capacidad de los grandes intermediarios financieros de evaluar la información frente a otros agentes, o del acceso a información privada que no tienen otros agentes. Además, este tipo de operaciones de alta velocidad dificultan la actuación de las instituciones supervisoras o reguladoras de los mercados de valores facilitando diversos fraudes como la saturación y las interferencias; como se expone en el documental con el caso de un “trader” holandés, condenado con una multa irrisoria por beneficiarse del efecto rebaño que él mismo provoca en el mercado, tras poner una trampa en la que otros inversores cayeron. Si un operador
individual puede hacer tal manipulación del mercado, ¿qué no podrán hacer los
grandes operadores institucionales?, esto supone otra muestra más de que
los mercados financieros no son eficientes y de la existencia de avanzadas
técnicas de arbitraje, que apunta más a una dinámica inestable que de
equilibrio en los mercados financieros, sin entrar a valorar aquí la teoría de
la agencia, el desigual acceso a la financiación y posibilidades de
apalancamiento de los agentes, la estabilidad desestabilizadora de la cual
habla Hyman Minsky, o los “animal spirits” que trataba Keynes y que el
galardonado con el Premio Nobel de Economía Robert Shiller ha vuelto a poner de
actualidad.
Las inversiones marcan el ritmo de la economía; y si los gobiernos siguen permitiendo que ésta función se parezca al funcionamiento de un casino, sumada a la anarquía del capital en un mundo global con diferentes reglas de juego, las cosas no harán más que seguir empeorando sin vislumbrar horizonte alguno de mejora. ¿Será la Tasa Tobin eficaz para limitar en buena medida los efectos de la especulación? Los resultados obtenidos en Francia parecen indicar que para los inversores “extranjeros” no supone dificultad alguna evitar el impuesto; además de ser una medida totalmente inútil sobre los efectos de transmisión de volatilidad que puedan producirse, dada la mayor integración de las economías de los países por motivo de sus vínculos comerciales y financieros y, en especial, por reacciones de los inversores por causas no relacionadas con los fundamentales del país.
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