viernes, 16 de enero de 2015

¿Debemos parar la crítica a los economistas?

En un artículo publicado en la web del World Economic Forum, Hans-Werner Sinn se planteaba esta pregunta argumentando que la mayoría de las críticas vertidas hacia la economía ortodoxa son motivo de ignorancia e incomprensión. Los defensores de la Economía neoclásica parten de un enfoque metodológico inspirado en Milton Friedman, una visión instrumentalista sobre la cual se construyen las teorías y modelos económicos que hoy se enseñan en las universidades y sobre las cuales descansan las recomendaciones en política económica, que no parecen encontrar soluciones adecuadas a los problemas de la sociedad.

El instrumentalismo metodológico consiste en usar ciertas condiciones o supuestos idealizados, usándolos como puntos de referencia para el análisis de los fallos de mercado, lo que se conoce como Tesis de la Irrelevancia de los Supuestos. Así pues, independientemente del realismo de estos supuestos, éstos son un instrumento que sirve para explicar la conducta del  individuo en base a las desviaciones sobre los puntos de referencia de los cuales se parte, aseguran. 

Las condiciones de referencia están recogidas en el Primer Teorema Fundamental de la Economía del Bienestar propuesto por Arrow y Debreu, que establece que cualquier equilibrio competitivo o walrasiano, lleva a una situación de asignación de recursos económicos que es eficiente de acuerdo al criterio de asignación de Pareto. Las suposiciones implícitas son que los consumidores son racionales, los mercados son completos, hay perfecta flexibilidad de precios y salarios, no hay externalidades y la información es perfecta. El desarrollo de la economía neoclásica ha llevado a relajar algunos de estos supuestos integrando la información asimétrica y la competencia imperfecta, creando, en terminología de Lakatos, un cinturón protector al paradigma neoclásico, dejando el núcleo central de éste, tomado como irrefutable, intacto, basado en la existencia de un equilibrio general y de individuos racionales. La racionalidad económica de los individuos lleva implícita la visión de una sociedad atomística de entes aislados que disponen de unas capacidades racionales que les permiten procesar perfectamente toda la información obtenida del entorno, calculando el conjunto de alternativas existentes y eligiendo la opción que maximiza su utilidad, la cual viene dada por un conjunto de preferencias perfectamente ordenadas.
Es curioso como esta racionalidad individual ha dado lugar al afrontar la evidencia empírica a múltiples paradojas, como la paradoja del ahorro o la de los costes. Lo más común es señalar que no ha ocurrido lo que en el modelo debido a distorsiones ajenas al mercado, echando la culpa al intervencionismo del gobierno, pero en este artículo Hans-Werner Sinn es la primera vez que leo apuntarse de una manera tan forzada un tanto a la economía neoclásica sin aludir a la información asimétrica o a la competencia imperfecta, que entran dentro de sus hipótesis, aludiendo a que el verdadero objetivo del “homoeconomicus” es hacer más fácil la distinción entre las fallas del mercado y fallas mentales, tratando de detectar la irracionalidad colectiva. Sencillamente, brillante, aunque seguidamente este economista alemán alude a las reglas de juego como causantes de tal falla de los mercados, con argumentos derivados de la corriente neoinstitucionalista, una distorsión exógena del equilibrio ajena a los modelos neoclásicos que implícitamente suponen un laissez-faire de manual, y que incorporan al cinturón protector de la economía neoclásica los costes de transacción e información y las restricciones de los derechos de propiedad, algo que dista de ser atribuido entonces como “irracionalidad colectiva”.

Existen escuelas de pensamiento económico (postkeynesiana, institucionalista, neomarxista, regulacionista, radical, etc.) que desarrollan una ciencia económica bajo otros supuestos más realistas y menos restrictivos, en ocasiones con gran complementariedad entre sus desarrollos, y que tienen como consecuencia unas teorías y consideraciones políticas totalmente diferentes a las que se llega inevitablemente desde los modelos neoclásicos. Algunas de tales consideraciones son que un crecimiento de la demanda no coincide necesariamente con un aumento de los precios; que el aumento del salario mínimo o del salario real no deriva en el aumento del desempleo ni en el descenso de la tasa de beneficio de las empresas; el descenso de los índices de ahorro no desencadena la caída de la inversión, la ralentización del crecimiento o el incremento de las tasas de interés; o que la flexibilidad de los precios no conduce necesariamente a la economía hacia el equilibrio óptimo. Pero, entonces,  ¿Por qué estas escuelas no se han impuesto en el debate y la confrontación académica a la economía neoclásica? ¿Será que sus desarrollos son inferiores? Solo ha habido una oportunidad de saberlo, en lo que se llamó “La Controversia del Capital” en los años 70, y la economía tradicional salió malparada, desde entonces se limita a ignorar el resto de contribuciones y encerrarse en aumentar la complejidad matemática de sus modelos. Ello es posible solo por decisión política, y es porque con sus desarrollos estas escuelas “heterodoxas” se oponen a lo que se conoce como “El Consenso de Washingtonguía para las políticas económicas seguidas por los gobiernos, bancos centrales e instituciones económicas internacionales que nos han llevado hasta esta situación y que es reafirmada por las conclusiones a las que llega la economía neoclásica. Esto sí que es un verdadero instrumentalismo y no el metodológico.

Los economistas somos muy dados a contar historias y presentar analogías, como hace Hans-Werner Sinn para rechazar las críticas a la economía neoclásica, dice: “los economistas son como los médicos, que tienen que saber como se ve un cuerpo sano antes de que puedan diagnosticar la enfermedad y prescribir el tratamiento”. De ser así somos como los médicos anteriores al s.XIX, que no reconocían el cuerpo humano en toda su complejidad y aplicaban sangrías a toda dolencia, ¿aceptamos la pluralidad de desarrollos y avanzamos en la ciencia  o continuamos desangrándonos?



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