sábado, 24 de diciembre de 2011

Desarrollo insostenible, irresponsabilidad política

La Cumbre del Cambio Climático en Durban de este año se presentaba para muchos con un interrogante que puede parecer lógico en un primer momento.
¿No convendría esperar un poco y afrontar el desafío climático cuando hayamos resuelto la crisis de la deuda en Europa, cuando el crecimiento se haya reanudado?
La respuesta es no, actuamos a contrarreloj, el tiempo es clave ya que el cambio climático avanza y corre el riesgo de descontrolarse, agravando todo tipo de catástrofes naturales e incidiendo negativamente sobre la vida de millones de personas.
Los costes futuros de no luchar contra el cambio climático superarán por mucho a los que debemos afrontar para aminorar sus devastadoras consecuencias.

Después de 17 años de conversaciones, las naciones parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) no han logrado frenar el aumento de las emisiones de carbono. En este periodo las emisiones de gases de efecto invernadero han aumentado en un 49% a nivel mundial.
Las negociaciones se remontan a la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro 1992 organizada por la ONU.La Conferencia fue la oportunidad de adoptar un programa de acción para el siglo XXI, llamado Programa 21, que desde entonces es la referencia para la aplicación del desarrollo sostenible en los países.
La Conferencia de Río fue también testigo de la aprobación de la Convención sobre el Cambio Climático, que afirma la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que condujo a la firma en 1997 del Protocolo de Kyoto, que expira en 2011. 

Dos años después de la Cumbre de Copenhague, donde se acordó como objetivo prioritario evitar la subida de la temperatura del planeta más de dos grados, con los datos en la mano vemos que su fracaso ha tenido como consecuencia un aumento en las emisiones globales en más del 5% en 2011.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) advierte de que las emisiones se acercan peligrosamente al limite de 32.000 toneladas de CO2 que no se debe rebasar en 2020 si se quiere evitar el aumento de más de dos grados de temperatura. Los científicos estiman que, con las promesas de reducción de CO2 sobre la mesa, la temperatura media del planeta pegara un brinco de entre 3 y 3’5 grados hacia final de siglo, en algunos países, como España, esta subida media podría traducirse en seis grados más en 2100.

A Durban se llegaba con la enorme necesidad de firmar un segundo Protocolo de Kyoto, ante lo que se presentaban varios debates.
El Protocolo de Kyoto integra una radical distinción entre países desarrollados y países en desarrollo, exigiendo compromiso y actuación solamente a los primeros. Sin embargo, los cambios producidos en la economía mundial durante las dos últimas décadas están difuminando cada vez más tal distinción, pues países como Corea del Sur, Brasil, China o India, ahora son grandes economías exportadoras con industrias competitivas, y no tienen nada que ver con los países que eran en 1990. 
La AIE estima que, hasta 2035, el 90% del aumento de la demanda de energía se producirá en países no miembros de la Organización para la cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, es decir, en los países emergentes. 
Por tanto, el mundo no puede combatir eficazmente el cambio climático sin el compromiso de estos países, al igual que sin Estados Unidos, que no llegó nunca a firmar el protocolo de Kioto a pesar de ser el país más contaminante del mundo y la principal potencia económica mundial.

En el debate está presente también las cuestión de las “emisiones históricas”, pues, el cambio climático es consecuencia de las suma de las emisiones causadas por las liberaciones de carbono hechas desde el s.XX. Entre 1900 y 2008 Estados Unidos liberó a la atmósfera alrededor de 337.000 millones de toneladas de CO2, mucho más que cualquier otro país. China emitió unos 117.000 millones en el mismo periodo. Ahora está en como pedirle a los demás países que no tomarse el lujo de igualar las emisiones históricas de estados unidos para crecer.

Tras la cumbre de Durban, convención a la que no han ido primeras espadas de ningún país, lo que demuestra el interés de nuestros gobernantes en este tema tan prioritario para todos, los representantes de los gobiernos del mundo han acordado poner en marcha en 2020 unas negociaciones para un tratado que determine una serie de objetivos a alcanzar para reducir las emisiones y luchar contra el cambio climático que abarque a todos los países, algo que será devastador, ya que no es lo mismo comenzar a reducir emisiones en 2012 que en 2020.

Países como Japón, Canadá y Rusia, adheridos al protocolo de Kyoto han dejado claro que no tienen intención de firmar un segundo tratado vinculante de reducción de emisiones. Los motivos en los japoneses son el terrible terremoto y tsunami que han asolaron el país en marzo de este año, mientras que Rusia y Canadá, presumiblemente lo hacen para no rendir cuentas por sus yacimientos petrolíferos. Habrá que ver la disposición de todos los países a firmar un nuevo tratado llegado el momento, en 2020.

La Unión Europea parece ser el principal valedor del protocolo de Kioto, junto con los países más afectados por el cambio climático, pero un segundo periodo de Kyoto en el que solo este la UE, que representa el 11% de las emisiones globales, es claramente insuficiente.

Los patrones cambiantes de las lluvias, deshielo de glaciares, aumento en el nivel del mar, las sequías más largas y severas, las inundaciones y el aumento de las temperaturas, están teniendo un impacto devastador en especies animales y vegetales que pasan por un momento de supervivencia crítico y sobre todo en la vida de millones de personas, principalmente en las que tienen menos recursos y son más vulnerables, porque los países menos desarrollados son los que tienen menos medios para responder a las catástrofes.
A pesar de que muchas zonas del mundo, como por ejemplo América Latina y el Caribe o África no son de los grandes emisores de gases de efecto invernadero, si son de las zonas más afectadas por sus consecuencias.

Desde el Cuerno de África y el sudeste asiático hasta Rusia y Afganistán, en este año 2011, inundaciones, sequías  y calores extremos han sumido a millones de personas en la hambruna y la pobreza. En Estados Unidos, el año pasado sufrieron 14 desastres relacionados con el cambio climático, que costaron cada uno más de 1.000 millones de dólares.

En 2010 la Organización Meteorológica Mundial, portavoz autorizado de las Naciones Unidas sobre el tiempo, el clima y el agua, ya relacionó el calentamiento global con la ola de calor de Rusia y las inundaciones en China y Pakistán de ese mismo año.


Sin avances significativos ni una hoja de ruta clara para abordar el peligroso cambio climático. Podemos seguir engañándonos y seguir con el rosario de cumbres fallidas, sin preguntarnos a que se debe que se incumplan todas las promesas y objetivos firmados.
Estas actitudes no son accidentales, son causa de intereses del cabildeo corporativo al que pertenecen las industrias energética, química, farmacéutica, e incluso a nuevos sectores de seguridad y especializados en catástrofes, como empresas dedicadas a la reconstrucción o a la ayuda humanitaria, que cada vez más se están convirtiendo en un negocio. Los jefes de Estado y negociadores están más preocupados por la reconfiguración de los intereses geopolíticos a escala mundial donde predominan la lucha por los recursos naturales y una carrera por el crecimiento que por el oscuro destino del planeta.


La mayoría de los países pobres están en las zonas calientes, entre los trópicos de cáncer y capricornio, enfrentarse al calor, además de los problemas que trae, es caro. Estos países necesitan, por ejemplo, plantas de desalinización y infraestructuras para trasladar el agua potable, o invertir más en vacunas, para luchar contra las grandes poblaciones de insectos que transmiten enfermedades.


El Panel Intergubernamental de expertos sobre el cambio climático (IPCC) ha pronosticado que para la década de 2050, hasta 800 millones de personas en África (el 40% de la población) tendrá dificultades para acceder al agua. En América Latina se propagarán epidemias y en Asia, hasta 132 millones de personas es posible que se sumen a las que ya pasan hambre.

Reducir la contaminación es un asunto muy caro, y los países pobres no tienen la misma capacidad que los ricos para ello. Pocos países pobres se pueden permitir, por ejemplo, comprar absorbedores de alta energía o instalar turbinas de viento y paneles solares en los tejados.

Desde 2005 se ha puesto en marcha el “mercado de la contaminación”, que consiste en que un país que contamine por debajo de los limites fijados por el protocolo de Kioto pueda vender sus derechos de emisión a otros países que generen más contaminación, obteniendo un claro beneficio económico de ello. EEUU, el país que más contamina del mundo con un 25% del total de emisiones de gases y solo un 6% de la población mundial se opone a ratificar este acuerdo.

El resultado ha sido que corporaciones internacionales han trasladado sus actividades más contaminantes a los países pobres, con la intención de conseguir parte de los derechos de emisiones que reciben estos países. Además los países pobres están recibiendo toneladas de basura y productos tóxicos de los países desarrollados, que se amontonan muchas veces en sus costas. África y Asia reciben anualmente 50 millones de toneladas de residuos tóxicos anualmente, según un informe de la ONU.

Esto conlleva a la contaminación de los países pobres, que acabarán siendo un poco más pobres y más sucios.

Hay un instrumento que ayudaría a soportar esta tendencia contaminante de los países pobres, los créditos de carbono. Los países ricos pueden pagar a los países pobres para que hagan algo que reduzca los gases que provocan el efecto invernadero, logrando que los países pobres sean más ricos y su aire más limpio, plantando árboles en bosques que sirven como sumideros de CO2. Esto solo aborda parte del problema, ya que existe la duda de cuánto CO2 son capaces de absorber los árboles, además los árboles no pueden absorber otros gases como dióxido de azufre o mercurio, entre otros.

También sería importante la flexibilización de las normas de propiedad intelectual aplicables a las tecnologías para reducir las emisiones de carbono, de forma que se puedan aplicar más rápidamente y con menos coste en los países en desarrollo.

En 2009 en Copenhague los países industrializados se comprometieron a financiar con 30.000 millones de dólares a las naciones en desarrollo durante el periodo 2010-2012 para que reluciesen sus emisiones y hacer frente a los estragos  del cambio climático y en la conferencia posterior de Cancún en 2010, prometieron aumentar la ayuda económica a partir de 2013 hasta 100.000 millones de dólares  al año en 2020 a través de la puesta en marcha del Fondo Verde para el Clima que se ha acordado poner en funcionamiento en Durban este mes, una cantidad enorme de dinero equivalente al segundo rescate de la economía griega, pero que a día de hoy, no se sabe de donde va a salir, tomando en cuenta la profundidad de la crisis financiera y económica global, será difícil llevar a la realidad las promesas.

¿Ahora bien, los problemas provocados por el cambio climático nos afectarán también a los países desarrollados o solo a los países en vías de desarrollo?

El empeoramiento de la calidad de vida en estos países provocará inevitablemente que sus habitantes emigren masivamente hacia los países en desarrollo, pero además el aire contaminado de las grandes ciudades incrementa el riesgo de sufrir un ataque al corazón e impide el correcto desarrollo pulmonar en los niños, dando pie a enfermedades respiratorias.
Las comunidades más vulnerables frente a la contaminación atmosférica son los niños, los ancianos, las embarazadas y los enfermos de las vías respiratorias.

En España, aparte del aumento de las temperaturas y de la subida del nivel del mar, nos encontramos con otras muchas razones que nos obligan a reflexionar y a tomar la decisión de "entrar en acción", como la desertización del suelo, reducción de la productividad de las aguas y la tierra, mayor riesgo de plagas y enfermedades, inundaciones, etc, que provocará grandes costes económicos y humanos.

Ante todo lo anteriormente expuesto cabe la necesidad de que todos nos concienciemos en que el cambio climático nos afecta en nuestras vidas, los costes humanos y económicos que ello conlleva, que no es un problema solamente para la pobre gente sin recursos que aparecen de forma intermitente en los medios víctimas de alguna catástrofe a miles de kilómetros de nuestros hogares.

¿Cuánto sufrimiento debe aguantar la población del planeta para que nuestros representantes dejen de mirar para otro lado y sean responsables en cuanto a las consecuencias devastadoras de no afrontar el cambio climático? 





3 comentarios:

  1. Hola,

    Me ha gustado mucho tu blog (lo he conocido por 20 Minutos); esta entrada particularmente.

    Mis reflexiones son menos concretas y prácticas que las que tú propones, pero aquí tes dejo unos enlaces que, espero, sean de tu interés:

    "La evolución moral de occidente ha sido mucho menor que la material"

    http://josearnedo.blogspot.com/2011/11/amin-maalouf-el-desajuste-del-mundo.html


    "Toda sociedad da por supuesto que sus pautas de conducta son naturales y buenas"
    http://josearnedo.blogspot.com/2011/06/marvin-harris-antropologia-cultural.html


    Un saludo,

    Jose

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  2. Gracias por tus palabras Arnedo, eché un vistazo a los enlaces que pusiste, muy interesantes, me han dado ganas de leerme los libros que mencionas deben tener un gran contenido, ¿sabes del algún enlace dónde poder bajarme el libro de antropología cultural en pdf?
    Saludos

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  3. Hola, yo conozco el enlace siguiente:

    http://es.scribd.com/doc/52137867/Marvin-Harris-Antropologia-cultural

    Y abajo a la derecha puedes darle a descargar :)

    Un saludo!

    Jose

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