viernes, 22 de febrero de 2013

Donos de Portugal, instituciones extractivas

"Donos de Portugal" como señalan en su web, es un documental de Jorge Costa, producido por RTP 2 dependiente del Instituto de Historia Contemporánea sobre cien años de poder económico en Portugal, y está basado en un libro de Jorge Costa, Cecilia Honório, Luís Fazenda, Francisco Louça y Fernando Rosa, publicado en 2010 con el mismo título. La película retrata la protección del Estado a las familias que dominaban la economía del país, de sus estrategias de conservación y acumulación de la riqueza, tales como los Mello, Champalimaud, Espiritu Santo, entre otros; de cómo sus destinos se cruzan por el matrimonio y la integración de las finanzas. Amenazado por el fin de la dictadura, su poder se reconstituye bajo la democracia, la privatización y la promiscuidad con el poder político. Los nuevos grupos económicos como Amorim, Sonae o Jerónimo Martins, se asientan sobre la misma base. 

Este documental de 48 minutos presenta a los protagonistas y las opciones principales que han llevado a Portugal hasta los límites del modelo de desarrollo portugués que vemos hoy, un modelo en el que como dice el presidente del Conselho económico e social (CES) Silva Peneda: Os consumidores não consomem, os produtores não produzem, as financeiras não financiam e os trabalhadores não têm trabalho” 



Tuve la oportunidad de ver esta semana en Macroeconomía II este documental, que ya había visto en el primer semestre en un evento organizado por el grupo de estudos politicos de Universidade da Beira Interior, donde estoy actualmente terminando mis estudios, al que también asistió Jorge Costa. El documental expone como Portugal creció y se desarolló industrialmente gracias a monopolios temporales bajo el abrigo del Estado, pero este crecimiento es limitado, pues una vez establecidos únicamente se preocupan en aumentar sus redes de seguridad monopolista a costa del resto de la sociedad para perpetuarse y mantener su poder, rechazando toda innovación, oponiéndose a la destrucción creativa y obstaculizando la competencia, esta visión concuerda totalmente con lo que exponen los economistas D.Acemoglu y J.A.Robinson en su gran obra maestra, el libro "Por qué fracasan los países", publicado en 2012, a través de la historia de diversas civilizaciones como las ciudades-estado mayas, el Imperio Romano, la Unión Soviética, Venecia, el reino africano de Aksum, entre otros muchos casos, y su argumento principal en torno a instituciones extractivas.

 La pregunta que quedó en el aire tras ver el documental y que no dió tiempo a debatir fue ¿Deben los gobiernos Portugués y Español poner en marcha una política de industrialización bajo el proteccionismo del Estado? En mi humilde opinión, el Estado a través de una eficaz regulación antimonopolio debe primero re-estructurar las industrias ya establecidas ante la más que evidente existencia de oligopolios en sectores como electricidad, banca, energía y comercio mayorista, sectores de vital importancia para la sociedad. Además de una política industrial (el tema de los clusters es muy importante aquí y hay mucho por avanzar) y agraria que acerque la producción al consumo y haga a las regiones alimentariamente autosuficientes primero habría que re-estructurar estos mercados oligopolísticos ya existentes que actúan contra los intereses de la sociedad, además de impulsar la creación de otros sectores que si bien al principio como industrias nacientes puedan necesitar o no, un régimen de monopolio temporal para su despegue; algo que habría que estudiarlo según el sector y el entorno económico en que nos encontramos, pues igual con crear un entorno institucional favorable es posible que proliferen las nuevas industrias, tarea dificil en el contexto económico que Silva Peneda refleja perfectamente con las palabras que cité al principio de este texto, ya que sería necesario un proceso a largo plazo que no es factible a nivel social en un momento en el que se necesitan medidas urgentes; y una vez exista un mercado interior para estas industrias, debe liberalizarse y que exista competencia, todo esto bajo una regulación que penalice los comportamientos que favorezcan el control del mercado por parte de X y una legislación laboral y medioambiental acorde a la dignidad humana y la sostenibilidad ambiental, cosa que hoy en España y en Portugal, no solo no existe, sino que se está desandando el camino que tanto ha costado recorrer a unas sociedades marcadas aún a día de hoy por largas dictaduras sufridas durante gran parte del S.XX. La regulación es un bien público, esto a menudo parece que hay que recordarlo.

¿Alguien se atreve a construir un "Dueños de España" al estilo de este documental portugués? Sería una gran aportación a la sociedad, si bien es cierto que, dado el tamaño de la corrupción y de las redes clientelares existentes hoy en nuestro país, daría para varios dias de documental.

sábado, 5 de enero de 2013

La hecatombe de la Europa del pensamiento único


Con el agravamiento de la crisis en Europa y a pesar de las declaraciones a favor del empleo en las sucesivas reuniones del G20 y otros foros globales, desde 2010 la estrategia política cambió sus prioridades alejándose de la creación y mejora del empleo, y concentrándose en cambio en la reducción de los déficits fiscales a toda costa. En los países europeos, la reducción del déficit fiscal ha sido considerada esencial para calmar a los mercados financieros.

Frente a la crisis, la estrategia de la Comisión y de los Estados miembros es aterradora. Esta estrategia se basa sobre tres pilares: la aplicación de planes de austeridad presupuestaria, la reforma de la gobernanza de la zona euro y la puesta en práctica de un Mecanismo Europeo de Estabilidad que nos ha sido vendido como un mecanismo de solidaridad finaciera.

El PRIMER PILAR sobre el cual se basa tal teoría es el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC) que fuerza a los Estados a tener un déficit público por debajo de un 3% del PIB y una deuda pública inferior al 60%. Pero, incluso en países que no han sufrido los efectos de la crisis, esta estrategia está siendo aplicada por razones preventivas, reduciendo los déficits fiscales para evitar cualquier reacción negativa por parte de los mercados financieros. Dicho pacto prevé que la Comisión pueda poner en marcha Procedimientos de Déficit Excesivo (PDE).

El SEGUNDO PILAR de la estrategia europea es el reforzamiento de la gobernanza a través del Pacto Euro Plus, aprobado en el Consejo Europeo del 24 y 25 marzo 2011 y que consta de cuatro ejes:

- Controlar la trayectoria de las finanzas públicas nacionales y de imponer la reducción progresiva de la deuda pública, aplicando sanciones de una manera más automática y precoz que antes, lo que supone un endurecimiento del PEC.

- Nacionalización de responsabilidades: “Los Estados miembros de la zona euro se comprometen a llevar a su legislación nacional las reglas presupuestarias de la Unión Europea que figuran en el PEC”. Algo que España ya hizo a finales de verano de 2011 tras un pacto de PSOE y PP donde reformaron la constitución para garantizar por ley la limitación del déficit público, lo que elimina la vía keynesiana de estimular la demanda agregada mediante el gasto e inversión pública.

- Reforzar la competitividad mediante el control de los salarios, éstos no pueden evolucionar más rápido que la productividad, pero el pacto no denuncia a aquellos países donde los salarios han progresado claramente menos que la productividad y que tanto ha contribuido a los desequilibrios entre el norte y el sur. Las políticas mercantilistas dentro de la UE llevadas a cabo por Alemania han dotado a sus socios comerciales de pérdida de competitividad y obligado a un endeudamiento excesivo, difícilmente podrán seguir Alemania y otros países, como Austria o Finlandia, saneándose a expensas de los países del sur. Los países con superávits deben expandirse aumentando los salarios y los gastos sociales (algo que va en contra de las clases dirigentes de estos países), estimulando su demanda interna para permitir un ajuste con los países del sur.

- Creación de un “semestre europeo” para coordinar las grandes elecciones económicas y presupuestarias de los Estados miembros, asegurando su compatibilidad con las opciones estratégicas de la Unión, abriendo la vía a conflictos de soberanía entre la Unión Europea y los Estados en materia presupuestaria. Consiste en que a principios de año el Consejo Europeo hace unas recomendaciones con los grandes desafíos económicos a cada país, y éstos deben integrarlas y elaborar en consonancia sus presupuestos nacionales, así como los programas de reforma. Estas recomendaciones se fundamentan en diez medidas: Poner en práctica un saneamiento presupuestario riguroso (cuyo impacto macroeconómico no se analiza: la situación de las finanzas públicas es prioritaria en relación al empleo y a la actividad); corregir los desequilibrios macroeconómicos (por la moderación salarial en los países deficitarios; y por la liberalización de los servicios y del comercio en los países excedentarios, no por incrementos salariales); estabilizar el sector financiero; hacer más atractivo el trabajo (como si el problema hoy fuera que los asalariados rechazasen trabajar); reformar los sistemas de pensiones (hacerlos menos costosos, favorecer los fondos privados de pensiones); reinsertar a los parados (reduciendo las prestaciones); conciliar seguridad y flexibilidad en el mercado de trabajo (menor protección para el trabajador y más poder para los capitalistas, como si la libertad de capitales y el chantaje a la deslocalización de la actividad empresarial no fuesen suficientes); explotar el potencial del mercado único (otra vez más la liberalización de los servicios y el comercio); atraer a los capitales privados para favorecer el crecimiento (poner en marcha colaboraciones público-privadas aun a riesgo de aumentar el coste de las inversiones públicas); permitir el acceso a la energía a un precio asequible (lo que pasa por medidas de privatización y de aumento de la competencia según la Comisión). La estrategia macroeconómica, el giro ecológico y la política industrial son los grandes olvidados.

El TERCER Y ÚLTIMO PILAR de la estrategia europea es el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), que sustituirá en junio de 2013 al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) y al Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera (MEEF). La misión del MEDE es movilizar los fondos y otorgar asistencia financiera a los miembros de la zona euro en dificultades. Sus ayudas están subordinadas a una estricta condicionalidad, que somete a los Estados beneficiarios a programas de ajuste macroeconómico rigurosos (políticas restrictivas), algo que conocemos ya en España y sufriremos especialmente en 2013. El memorando sobre el rescate bancario a las entidades financieras españolas incide  expresamente en la necesidad de cumplir los compromisos fiscales y avanzar en las reformas estructurales. En este sentido, el eurogrupo establece que el programa de ayuda será supervisado por la Comisión Europea, el BCE, la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés) y el FMI. Además, el eurogrupo establece condicionalidades tanto al sector bancario como macroeconómicas. Las condiciones macroeconómicas implicarán la adopción de las medidas contempladas, ya en mayo, por la Comisión en sus recomendaciones de política económica para España, entre ellas la necesidad de acometer más ajustes para cumplir los requisitos presupuestarios. Entre las medidas contempladas están la subida del IVA y de los impuestos especiales-medioambientales que ya sufrimos desde septiembre de 2012, la supresión de la deducción por vivienda y de la paga extra a funcionarios, menos días libres a funcionarios, la reducción de la prestación de desempleo desde el séptimo mes y lareforma de las pensiones, entre otras.

Estas medidas también fracasaran a la hora de estabilizar la situación fiscal, de hecho, en medio de las protestas por las políticas de austeridad que han realizado los gobiernos para tratar de salir de la crisis, la producción económica en la zona euro, compuesta por 17 países, cayó un 0'1% en el tercer trimestre, tras un descenso del 0'2 en el trimestre anterior, arrastrada por los malos resultados de Italia, España y Holanda. Si nos fijamos en el desempleo y los servicios públicos, el futuro es desalentador. La razón fundamental de estos fracasos es que este tipo de políticas, implementadas en un contexto de perspectivas de intereses elevados, demanda limitada y con la complicación adicional de un sistema bancario en medio de su proceso de “desapalancamiento” en un entorno de incertidumbre, no tienen la capacidad de estimular la inversión privada, y con presupuestos tan restrictivos no se permite que actúe la inversión pública para dejar su hueco, con la consiguiente caída de la actividad. La teoría de que la crisis la causa el excesivo crecimiento del gasto público que lleva como solución recortes de gasto público, deprime todavía aún más la economía, y como consecuencia, los ingresos del Estado caen aún más, sin inversiones y con mayores pérdidas de empleo. Lo paradójico es que la manera negativa en la que esto afecta a los presupuestos de los gobiernos aumente las exigencias de mayor austeridad, retroalimentándose a si mismo un circulo vicioso que no parará hasta llegar a un generalizado nivel de miseria, donde la opulencia de los servicios privados contraste con la pobreza de los servicios públicos, produciendo un desequilibrio social desconocido hasta ahora en Europa.


¿Será este 2013 el fin de la Unión Europea como la conocemos o la presión ciudadana obligará a dar un giro y encarrilar las políticas comunitarias en pro de una Europa de y para todos los ciudadanos que la integran? La mano de la doctrina liberal en la estrategia europea es más que visible, si no acabamos con la Europa del pensamiento único no habrá Unión Europea, es hora de que los países del sur unamos nuestras fuerzas y hagamos frente al núcleo del poder europeo, presentando alternativas, alternativas coherentes y sólidas que debemos construir los ciudadanos, de los derechos sociales y humanos, de la cooperación y de la pluralidad, la Europa social. Va a ser un año muy duro y un camino lleno de obstáculos, es una Europa o ninguna, cambiemos el rumbo.

sábado, 29 de diciembre de 2012

¿Sabiduría convencional o premeditación?


Decía Galbraith en su gran libro “la sociedad opulenta” que en todas las épocas existen unas ideas que gozan ampliamente de aceptación sobre cuestiones sociales, y afirmaba que “El enemigo de la sabiduría convencional no son las ideas, sino la marcha de los acontecimientos”, esto es algo que puede corroborarse viendo el largo proceso de aceptación que tuvo que pasar la teoría de Adam Smith hasta su acogimiento, así como la desconfianza contra sindicatos, seguros sociales y legislación social durante el s.XIX y, como ocurrió tras la Gran Depresión, con las propuestas de Keynes sobre la imprudencia de mantener un presupuesto equilibrado en tiempos de crisis, algo de lo que dudo que se pueda aplicar a la situación actual.

Durante la Gran Depresión, con recursos humanos y materiales desocupados en masa, la caída de la inversión y del consumo público y privado, un presupuesto equilibrado equivalía a mayores tipos impositivos y a una reducción del gasto público. Sobre esta situación señalaba Galbraith en 1958 “Contemplado retrospectivamente, sería difícil imaginar un proyecto mejor para reducir la demanda de bienes, tanto privada como pública, agravar la deflación, incrementar el paro y contribuir al sufrimiento general. El presidente Hoover lo llamó, a comienzos de 1930 una <<necesidad absoluta>>, <<el factor más esencial para la recuperación económica>>, <<el inmediato e imperativo paso>>, <<indispensable>>, <<la primera necesidad de la nación>> y <<el fundamento de toda estabilidad financiera pública y privada>>. Los economistas y los observadores profesionales de los problemas públicos estuvieron de acuerdo en esto, casi sin excepción”. Galbraith culpa de la insistencia en estas medidas destinadas a empeorar las cosas a la sabiduría convencional, pues tanto liberales como conservadores estaban de acuerdo en estos principios generales, incluso Franklin D. Roosvelt, el hombre que pasó a la historia por llevar a cabo lo que se conoce como “New Deal”, que reformó y dinamizó la economía estadounidense, fue elegido en 1932 por haberse sometido al abrumador compromiso de reducir los gastos y obtener un presupuesto equilibrado, creencias que no pudieron sobrevivir al completo colapso.

Ahora bien, ¿qué ha pasado con la principal enseñanza que nos dejaron los dramáticos años de la Gran depresión que comenzó en 1929? Los éxitos de la revolución keynesiana han sido apartados de la “sabiduría convencional” actual, todo parece indicar que deliberadamente, por los altos estamentos que ostentan el poder y que vuelven a predicar e insistir de forma casi religiosa, la necesidad de un presupuesto equilibrado para enfrentarse a una situación con unos síntomas similares a los de entonces, con la inestimable colaboración de quienes Hyman Minsky denominó en un ensayo titulado "ética y capitalismo" como economistas racionales egoístas, o, como analiza Eric Hobsbawm en su obra “sobre la historia”, por partidismo.
Se preguntarán ¿qué ganan las élites empresariales, financieras y políticas llevando a la miseria a sus países? Vamos a analizar brevemente y sin entrar en detalles, qué es lo que está ocurriendo. 

Antes de la crisis, la deuda tapaba no solo la debilidad de la economía española con un modelo de crecimiento insostenible en el tiempo, sino también la creciente desigualdad social que se escondía tras una riqueza artificial que, una vez se cortó el grifo del crédito procedente del exterior, quedó al descubierto de forma dramática. 

Por otro lado, el oligopolio existente en la mayor parte de los sectores estratégicos ya era una realidad antes de que estallase la actual crisis, como por ejemplo en el sector energético. La crisis actual está ayudando a la implantación de oligopolios en otros sectores que estaban algo dispersos, eliminando la competencia que había logrado sobrevivir a un entorno cada vez más dificil debido a la mala posición en la que se encuentran las PYMES ante la competencia global. El cierre de cientos de miles de empresas ilíquidas (que no insolventes) por falta de financiación no solo ha ayudado y ayuda a las grandes empresas a eliminar  a sus competidores y con ello aumentar su control del mercado, sino que con el enorme aumento del desempleo al que hemos asistido desde 2008, presionan para que se eliminen todo tipo de derechos laborales de los trabajadores. Si ya el trabajador tenía poca voz con la liberalización del capital que dió a las empresas el argumento de la deslocalización de sus actividades para chantajearles en sus legítimas demandas gracias a la existencia de un mercado global con distintas reglas de juego para los participantes en los terrenos de fiscalidad, legislación laboral y ambiental, principalmente, la nueva reforma laboral les ha quitado la voz que les quedaba, lo que ha sido un gran golpe a los sindicatos, más allá de la vaga función de defensa del trabajador que han demostrado hasta hoy por su dependencia y complicidad con el gobierno, motivo por el que necesiten una urgente reforma.

El caso más sangrante para muchos ciudadanos es el del sector bancario, que ocupa un papel central en nuestra crisis. El mercado bancario español era mayoritariamente controlado por las cajas, gestionadas por políticos y sindicatos, que se encargaron de alimentar la burbuja inmobiliaria haciendo de intermediarios yendo a buscar el crédito a los mercados financieros internacionales para dárselo a familias y empresas. El FROB en su programa de reestructuración y capitalización de las cajas ha impulsado la concentración del sector, pasando de 45 cajas en 2009, a las 11 que quedan actualmente. Hubo muchos que se enriquecieron mientras formaban un agujero enorme en las cuentas de sus entidades, lo paradójico es que haya quienes sigan haciéndolo cuando las entidades son “rescatadas” por el gobierno debido a su pésima gestión y siendo galardonados por ello con incrementos en sus bonificaciones o con indemnizaciones multimillonarias. Si el destino de este dinero público, que es de todos los ciudadanos, ya es inaceptable, lo es más ver como estas mismas entidades que reciben dinero público dejan sin techo a multitud de familias, la mayoría de las cuales han dejado de pagar la hipoteca al ser despedidos y carecer de ingresos. ¿qué clase de sociedad permite rescatar bancos y dejar desprotegidas a las personas? Pese a la enorme inyección de capital público en estas entidades, las restricciones de acceso al crédito continuan. El último invento del gobierno, el banco malo o SAREB, cuya gestión de activos permite a las cajas desprenderse de su stock de viviendas a un precio superior al del mercado, parece ser más que una solución, una trampa para que el gobierno español no se apunte en sus cuentas la nueva inyección de capital, que pasaría a engordar el déficit.

En cuanto a los efectos en el presupuesto estatal, la caída del consumo privado motivada por el elevado desempleo, la escasa inversión y la incertidumbre en que nos encontramos lleva a una caída de los ingresos del Estado, agravada por la subida de impuestos a las clases medias y bajas cuya renta procede mayormente del trabajo y están ligados al territorio, lo que disminuye aún más su capacidad de consumo. El déficit sigue adelante y la deuda engordando. Mientras tanto las enormes cantidades de dinero evadido por ricos y grandes empresas sigue “oculto” en paraísos fiscales, estos ingresos que deja de percibir el Estado atacan la sostenibilidad de nuestro Estado de Bienestar, además de no contribuir a la financiación de tales gastos en los servicios públicos, nos perjudican a todos de dos formas, por un lado ingentes cantidades de este dinero se dedican a pagar a lobbies que intermedien entre ellos y el gobierno para todo tipo de medidas que les beneficien, incluida la privatización de servicios como la educación y la sanidad que les aportarían jugosos beneficios, y por el otro, especulando con nuestra deuda en busca de una elevada rentabilidad jugando con la prima de riesgo, que es un indicador de nuestra solvencia.

Por último, una pequeña mención a la balanza comercial, ya que en los últimos días nos han colado como un éxito de las medidas llevadas a cabo por el gobierno en este último año que la balanza comercial de nuestro país se haya equilibrado, algo que es cierto, pero falta señalar que ha sido principalmente por la caída de las importaciones, al caer el consumo privado.
 

¿Por qué permiten los políticos tales medidas beneficiosas para unos pocos y destructivas para el resto? Parece ser que la puerta giratoria existente entre sector público y sector privado, con multitud de expolíticos que pasan a engrosar las plantillas de directivos de grandes empresas, como podemos ver en los consejos de las empresas del IBEX, supone para ellos un mayor incentivo que una buena gestión en el gobierno. Y todo esto sin hablar de la corrupción generalizada y las redes clientelares dentro de la casta política a nivel nacional, regional y local, tema que daría para varios libros.


A pesar de la complejidad y la dificultad para abordar las relaciones económicas y sociales, a través de un análisis superficial, sin necesidad de tecnicismos, sobre los efectos producidos en los cimientos y la sostenibilidad del Estado de Bienestar por la vía de la austeridad, las reformas que en nombre de la competitividad se han hecho, y los habituales casos de la simbiosis existente entre políticos y grandes empresas, ¿podrán quienes ocupan posiciones de poder esconderse y esquivar su responsabilidad aludiendo a la sabiduría convencional que señalaba Galbraith? Quizás lo hagan a través de algún arreglo cuando la situación se haga insostenible, algo que parece no estar muy lejos, difícilmente podrían evitar responder por el daño causado a la sociedad ante la explosión de una revolución, pero sin duda, en cuanto a su responsabilidad histórica, los futuros historiadores y científicos sociales que estudien el periodo actual retrospectivamente no le darán un trato tan benévolo a los culpables de tanto sufrimiento innecesario como lo ha hecho Galbraith de los actores de la Gran Depresión.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Austeridad, la miseria de la ideología

Desde 2010, y a pesar de las declaraciones a favor del empleo en las sucesivas reuniones del G20 y otros foros globales, la estrategia política cambió sus prioridades alejándose de la creación y mejora del empleo, y concentrándose, en cambio, en la reducción de los déficits fiscales a toda costa.
En los países europeos, la reducción del déficit fiscal ha sido considerada esencial para calmar a los mercados financieros. El pilar sobre el cual se basa tal teoría es el Pacto de Estabilidad que fuerza a los Estados a tener un déficit público por debajo de un 3% del PIB y una deuda pública inferior al 60%. Pero, incluso en países que no han sufrido los efectos de la crisis, esta estrategia está siendo aplicada por razones preventivas, reduciendo los déficits fiscales para evitar cualquier reacción negativa por parte de los mercados financieros. Este enfoque pretendía preparar el camino para mayores inversiones y crecimiento, junto con déficits fiscales inferiores.

Además de la reducción del gasto público y el aumento de los impuestos, la mayoría de las economías avanzadas han flexibilizado las normas de trabajo y debilitado las instituciones del mercado laboral, y también han sido anunciadas medidas de liberalización. Todas estas medidas están siendo adoptadas con la esperanza de que los mercados financieros reaccionen de manera positiva y así reforzar la confianza, el crecimiento y la creación de empleo. Sin embargo estas expectativas no han sido satisfechas. En los países que aplicaron las políticas de austeridad y de liberalización de forma más decidida, principalmente los países del sur de Europa, el crecimiento económico y el empleo continúan deteriorándose, llegados al punto de que a día de hoy, la Unión Europea en su conjunto está oficialmente en recesión, la segunda desde que comenzó la crisis, un entorno negativo que no se daba desde 2009, en medio de las protestas por las políticas de austeridad que han realizado los gobiernos para tratar de salir de la crisis. La producción económica en la zona euro, compuesta por 17 países, cayó un 0.1% en el tercer trimestre, tras un descenso del 0'2 en el trimestre anterior, arrastrada por los malos resultados de Italia, España y Holanda.

En muchos casos, estas medidas también fracasaron a la hora de estabilizar la situación fiscal. La razón fundamental de estos fracasos es que este tipo de políticas, implementadas en un contexto de perspectivas de demanda limitada y con la complicación adicional de un sistema bancario en medio de su proceso de “desapalancamiento”, no tienen la capacidad de estimular la inversión privada, y la teoría de que la crisis la causa el excesivo crecimiento del gasto público que lleva como solución recortes de gasto público,deprime todavía aún más la economía, y como consecuencia, los ingresos del Estado caen aún más, sin inversiones y con mayores pérdidas de  empleo. Lo paradójico es que la manera negativa en la que ésto afecta a los presupuestos de los gobiernos aumente las exigencias de mayor austeridad, por lo que en este círculo vicioso que se retroalimenta a sí mismo difícilmente podremos ver la salida a la crisis. La realidad es que ha habido pocos progresos en los déficit fiscales de los países que aplicaron enérgicamente las políticas de austeridad, al contrario de resolver los problemas, los están agravando aún más.

En su análisis de las Perspectivas de la Economía Mundial 2012 el FMI ha confesado haberse equivocado en un aspecto fundamental de política económica. En un recuadro del documento, el Fondo se pregunta ¿Estamos subestimando los multiplicadores fiscales a corto plazo? Su respuesta es que, en efecto, los analistas del fondo subestimaron brutalmente el impacto de la política de austeridad fiscal sobre la actividad económica. En el pasado reciente, los modelos del fondo partían del supuesto de que un recorte fiscal equivalente al uno por ciento del PIB provocaría una reducción en la actividad económica de 0.5 por ciento (esto quiere decir que el multiplicador fiscal era equivalente a 0.5). Pero ahora el FMI ha descubierto, con estudios sobre 28 economías, que la austeridad fiscal tiene repercusiones mucho más serias y que el multiplicador es más importante: eso quiere decir que un recorte de un 1% reduce la actividad económica hasta en 1.7%. Es decir, con los nuevos datos es posible concluir que el multiplicador fiscal es tres veces más grande que lo que pensaba el FMI. En realidad, hay numerosos estudios que encuentran que el impacto del recorte fiscal puede  ser hasta diez veces mayor a lo que aceptaba el FMI hace unos meses. Las implicaciones de estos errores son graves. El FMI ha presionado durante los últimos tres años a los gobiernos europeos para que apliquen medidas de austeridad fiscal, igual que hizo con docenas de países subdesarrollados en  las últimas décadas. En especial, el FMI, al igual que el Banco central europeo (BCE) y la Unión Europea, ha exhortado a los gobiernos de Grecia, España, Italia, Portugal e Irlanda a adoptar programas de restricción fiscal con el objeto de recuperar la confianza de los mercados financieros, pero esas medidas sólo han profundizado la recesión.

Se hace patente a día de hoy que recortar el gasto en el actual contexto de depresión solo va a empeorar las cosas, y que un estímulo fiscal ayuda a crear empleo. La vía de impulsar la demanda agregada a través del gasto público tiene importantes defensores como los premios Nóbel de economía Joseph Stiglitz y Paul Krugman. Pero, en su mayoría, la discusión actual asume que España debe implementar políticas de ajuste fiscal y reformas en el mercado laboral para poder así salir de la actual crisis y restaurar el crecimiento
económico. De igual manera, se asume que el gobierno no puede recurrir a una política fiscal expansiva y que el BCE no puede asistir a un país en la implementación de una política expansiva, en forma de alivio cuantitativo o “Quantitative Easing” (QE).
Además, en la medida que el euro sea una moneda sobrevaluada para España, dado que sus niveles de productividad son inferiores a los de Alemania o Francia, el ajuste fiscal actual ofrece la posibilidad de una “devaluación interna”.Esto se logra a través de una reducción en los salarios a medida que la economía se contraecomo resultado de políticas procíclicas. Esto resulta difícil o imposible, ya que España no puede bajar sin más salarios y precios un 25%.

Una solución sostenible consiste en un ajuste simétrico en el que Alemania y España se acerquen, como defiende el economista Wolfgang Münchau. Alemania debería expandirse un poco a través de aumentos salariales  y reformas tributarias, estimulando al sector privado a consumir más, a la par que en España el ajuste se compensaría por lo menos en parte, a través de una demanda estable de productos españoles.
Si Alemania sigue comportándose como un país pequeño, saneándose a expensas del resto de la economía mundial, y especialmente de sus socios europeos más débiles, la ruptura de la eurozona parece más que probable, máxime cuando China y Japón siguen una estrategia similar. Los superávits de un país corresponden necesariamente a los déficits de otro, y si Alemania se sigue negando a participar en el ajuste, los inversores internacionales seguirán sin entender cómo Alemania y España pueden coexistir en una Unión Monetaria.

¿Austeridad, economía o ideología? Ideología, sin duda, nada existe en la teoría económica que sustente la decisión de tomar medidas tan destructivas de forma unilateral.

martes, 9 de octubre de 2012

¿La tercera crisis de la teoría económica?


Parafraseando a la economista inglesa Joan Robinson, quien fue discípula de Keynes y la primera persona en leer su Teoría general, así como una gran crítica de la teoría neoclásica marshalliana sobre la competencia perfecta, cuyos ensayos recomiendo echar un vistazo (especialmente dos: “¿qué es competencia perfecta?” y “teoría pura del comercio internacional”), me gustaría exponer un pequeño fragmento de una conferencia suya que lleva como título “la segunda crisis de la teoría económica”, pronunciada en una reunión de la American Economic Association en Nueva Orleans, el 27 de diciembre de 1971.

“La doctrina de que existe una tendencia natural a un equilibrio sostenido con pleno empleo no pudo sobrevivir la experiencia del completo colapso de la economía de mercado en los años treinta. De esa crisis surgió lo que se ha venido llamando revolución keynesiana […].

Sin duda, los veinticinco años que sucedieron a la última guerra fueron muy distintos de los veinte años posteriores a la primera. La idea de que era responsabilidad del gobierno mantener un nivel elevado y estable de empleo en su economía nacional fue una novedad. Es posible que se aceptase como ortodoxia sobre todo porque se advirtió que las economías planificadas no presentaban desempleo. La libre empresa tenía que justificarse ante sus propios empleados […].

La llamada política keynesiana ha consistido en una serie de recursos para hacer frente a las recesiones cuando éstas se presentaban. El desempleo se resolvería a través del gasto público, financiado con empréstitos. Los capitanes de la industria comprobarían que un paro muy reducido erosiona la disciplina en las fábricas, y los precios subirían.
En esta situación, es probable que los intereses de la gran empresa y los rentistas formen un bloque muy poderoso, y probablemente encontrarán más de un economista dispuesto a declarar que la situación resulta a todas luces malsana. Muy posiblemente, la presión de todas estas fuerzas, y en particular de las grandes empresas, inducirá al gobierno a volver a la política ortodoxa y reducir el déficit presupuestario. El resultado será una depresión […]

Keynes estaba poniendo en entredicho la ortodoxia dominante, la cual sostenía que le gasto público no podía aumentar el nivel de empleo. Ante todo, era preciso demostrar que ello era posible. Tenía que demostrar que un incremento de la inversión aumentaría el consumo, que habría más salarios que podrían gastarse en más cerveza y más zapatos, independientemente de que la inversión fuese útil o no. Tenía que demostrar que el incremento secundario de la renta real es completamente independiente de la finalidad del gasto primario. Paguemos a la gente para que cabe zanjas y vuelva a llenarlas si no es posible hacer otra cosa.
La guerra constituyó una dura lección de keynesianismo. La ortodoxia se vio obligada a ceder. Los gobiernos aceptaron la responsabilidad de mantener un nivel elevado y aceptable de empleo. Luego, los economistas asumieron a Keynes y establecieron una nueva ortodoxia. Una vez saldada la cuestión, debió cambiar toda la problemática. Ahora que todos estamos de acuerdo en que el gasto público puede mantener el empleo, deberíamos discutir la finalidad de este gasto. Evidentemente, Keynes no quería que nadie se pusiese a cavar zanjas para llenarlas luego otra vez.”

No voy a entrar a valorar aquí los diversos instrumentos que tiene el gobierno para crear un impacto positivo en la economía, como son la política monetaria (en manos de la Unión Europea), la política de rentas o las políticas de distribución de la renta, ni siquiera valoraré los“errores”en todo tipo de reformas institucionales, desde el plan Bolonia a la reforma laboral, pasando por la nacionalización de bancos en quiebra o privatizaciones de servicios públicos. Así como el fracaso o escaso interés en la cooperación entre los países tan necesaria en un mundo globalizado como el que nos ha tocado vivir.

Únicamente quería exponer a través de este breve texto cómo se ha apartado conscientemente por pura ideología, o mejor dicho, interés de quienes copan los altos estamentos del poder en todas sus dimensiones, la que creo es la enseñanza más importante que dejó al mundo la Gran Depresión de los años 30. A través de la política fiscal, concretamente mediante el gasto público, el gobierno podría mantener el nivel de empleo y parar el circulo vicioso entre aumento del desempleo, caída del consumo, caída de la producción, nueva subida del desempleo ( que conlleva a su vez mayor gasto público por prestaciones sociales, un descenso de los ingresos públicos y por lo tanto, el aumento del déficit), que se alimenta continuamente y que no parará hasta llegar a un nuevo“equilibrio”donde la miseria entre la abundancia sea el principal rasgo de nuestra sociedad, una miseria estúpida e innecesaria.

¿Estamos asistiendo a la tercera crisis de la teoría económica? Definitivamente no, pues son los gobiernos los encargados de poner las reglas de juego sobre las que funciona la economía y hoy, a diferencia de los tiempos de la Gran Depresión, la teoría económica propone alternativas y soluciones, falta voluntad política.

domingo, 5 de agosto de 2012

Un gobierno maquiavélico


El Príncipe de Maquiavelo es un texto dedicado a Lorenzo de Médicis en el cual el autor, prestándose de sus conocimientos y experiencias, trata de articular una teoría susceptible de convertirse en una técnica con la que corregir u orientar el curso mismo de los acontecimientos históricos, en otras palabras, un manual práctico de cómo gobernar.

Antes de las elecciones del 20 de Noviembre, el ahora ministro de Educación, cultura y deportes José Ignacio Wert escribió un libro para la fundación FAES que ha sido editado hace escasos meses, en el que lanza un mensaje maquiavélico del que parece haber tomado buena nota el presidente Mariano Rajoy. Citando El Príncipe de Maquiavelo, apunta: “Es menester, pues, que el que adquiera un Estado ponga atención en los actos de rigor que le es preciso ejecutar, a ejercerlos todos de una sola vez e inmediatamente […]. Precisamente porque semejantes actos han de ejecutarse todos juntos porque ofenden menos […]; los beneficios en cambio han de hacerse poco a poco, a fin de que haya lugar para saborearlos mejor. Así, un príncipe debe, ante todas las cosas, conducirse con sus súbditos de modo que ninguna contingencia, buena o mala, le haga variar […]”

Atendiendo a tal simpatía hacia Maquiavelo, he sacado algunos extractos de esta obra con los que quizás podamos hacer una interpretación de la actuación del actual gobierno, se trata solamente de simples conjeturas, me reservo de hacer afirmaciones pues no me veo en tal condición.

“No puede –ni debe-, pues, un príncipe prudente mantenerse fiel a su palabra cuando tal fidelidad redunda en perjuicio propio y han desaparecido las razones que motivaron su promesa. […]. Un príncipe, además, siempre halla argumentos para justificar la violación de sus promesas, hecho acerca del cual puedo presentar infinitos ejemplos extraídos de los tiempos recientes mostrando cuantos tratados de paz han dejado de cumplirse por deslealtad del príncipe […]. Pero es necesario saber encubrir bien semejante naturaleza así como poseer habilidad para fingir y disimular: los hombres, en efecto, son tan simples y se someten hasta tal punto a las necesidades presentes que quien engaña hallará alguien que se deje engañar […] Así, puedes parecer clemente, fiel, humano, íntegro, devoto y serlo, pero tener el ánimo de tal manera predispuesto que si se hace necesario no serlo puedas y sepas adoptar la actitud contraria […]. Debe, por tanto, un príncipe tener gran cuidado de que nunca salga de su boca cosa alguna que no esté llena de las cinco cualidades mencionadas y de que parezca al escucharle, todo clemencia y buena fe, todo integridad y todo religión.
 
Este primer fragmento podemos verlo como una estrategia para unas hipotéticas elecciones y el incumplimiento de un programa electoral. ¿Deducís algo que por casualidad se parezca a la realidad? 
Sigamos con el siguiente texto, del que aconsejo cambiar algunos protagonistas si queremos leer entre líneas con un entendimiento apropiado. Aquí propondría sustituir soldados por empresas privadas, refiriéndome evidentemente a las que están en posición de influir en los asuntos públicos, o también podemos sustituirlo por clase adinerada, como creáis más oportuno.

“En efecto, los pueblos aman la paz y, por ello, a los príncipes moderados, mientras que los soldados desean príncipes belicosos, insolentes y crueles capaces de ejercitar estas cualidades en contra de los pueblos para cobrar doble sueldo y satisfacer su avaricia y su crueldad. […]. Conociendo la dificultad de conciliar ambas cosas, se inclinaban a dar satisfacción a los soldados sin importarles demasiado agraviar al pueblo. Esta decisión era necesaria porque no pudiendo soslayar los príncipes ser odiados por alguien deben esforzarse ante todo en no ser odiados por la mayoría, y cuando les sea imposible conseguir esto, deben ingeniárselas parra evitar ser odiado por el colectivo más poderoso. […]. Si entonces era más necesario satisfacer a los soldados que al pueblo era porque los soldados tenían más poder que el pueblo; ahora, por el contrario, es necesario a todos los príncipes satisfacer al pueblo más que a los soldados porque los primeros poseen más poder que los segundos.”

El final de este extracto bien querríamos todos los ciudadanos que fuese verdad. Tener elecciones cada  4 años es algo indispensable; pero como podemos comprobar, no es condición suficiente para la democracia. El tercer y último fragmento que he sacado, podemos resumirlo en que cambie todo para que nada cambie.

“Puesto que la materia lo exige no quiero dejar de recordar a aquellos príncipes que adquirieron un Estado mediante el apoyo explícito de sus ciudadanos y cómo deben examinar a fondo las razones que movieron a éstos a ayudarle y favorecerle. Si la causa no ha sido el afecto natural hacia él sino tan solo su descontento con la anterior situación únicamente con esfuerzo podrá conservarlos como amigos dada la imposibilidad de mantenerlos contentos. Y analizando con rigor las causas, merced a ejemplos extraídos de los hechos antiguos y modernos, se verá como resulta mucho más fácil ganarse la amistad de aquellos que se hallaban favorecidos por la situación anterior –y eran, por tanto, sus enemigos- que a aquellos otros cuyo descontento les condujo a hacerse amigos suyos y le ayudaron a apoderarse del Estado.”


Para terminar, podría repetir una crítica de Antonio Gramsci que ya invoqué en el aniversario de su fallecimiento (link), y que viene muy bien exponer de vez en cuando, sobre quienes permanecen indiferentes en situaciones como la que actualmente sufrimos;  pero, para seguir con Maquiavelo dejo unas palabras que cita en El Principe sobre el hecho de ser neutral: “Lo que se os dice de no intervenir en la guerra no puede ser más contrario a vuestros intereses: sin clemencia, sin dignidad, seréis el trofeo del vencedor”.

¿Vamos a permitirlo?