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viernes, 21 de diciembre de 2012

Austeridad, la miseria de la ideología

Desde 2010, y a pesar de las declaraciones a favor del empleo en las sucesivas reuniones del G20 y otros foros globales, la estrategia política cambió sus prioridades alejándose de la creación y mejora del empleo, y concentrándose, en cambio, en la reducción de los déficits fiscales a toda costa.
En los países europeos, la reducción del déficit fiscal ha sido considerada esencial para calmar a los mercados financieros. El pilar sobre el cual se basa tal teoría es el Pacto de Estabilidad que fuerza a los Estados a tener un déficit público por debajo de un 3% del PIB y una deuda pública inferior al 60%. Pero, incluso en países que no han sufrido los efectos de la crisis, esta estrategia está siendo aplicada por razones preventivas, reduciendo los déficits fiscales para evitar cualquier reacción negativa por parte de los mercados financieros. Este enfoque pretendía preparar el camino para mayores inversiones y crecimiento, junto con déficits fiscales inferiores.

Además de la reducción del gasto público y el aumento de los impuestos, la mayoría de las economías avanzadas han flexibilizado las normas de trabajo y debilitado las instituciones del mercado laboral, y también han sido anunciadas medidas de liberalización. Todas estas medidas están siendo adoptadas con la esperanza de que los mercados financieros reaccionen de manera positiva y así reforzar la confianza, el crecimiento y la creación de empleo. Sin embargo estas expectativas no han sido satisfechas. En los países que aplicaron las políticas de austeridad y de liberalización de forma más decidida, principalmente los países del sur de Europa, el crecimiento económico y el empleo continúan deteriorándose, llegados al punto de que a día de hoy, la Unión Europea en su conjunto está oficialmente en recesión, la segunda desde que comenzó la crisis, un entorno negativo que no se daba desde 2009, en medio de las protestas por las políticas de austeridad que han realizado los gobiernos para tratar de salir de la crisis. La producción económica en la zona euro, compuesta por 17 países, cayó un 0.1% en el tercer trimestre, tras un descenso del 0'2 en el trimestre anterior, arrastrada por los malos resultados de Italia, España y Holanda.

En muchos casos, estas medidas también fracasaron a la hora de estabilizar la situación fiscal. La razón fundamental de estos fracasos es que este tipo de políticas, implementadas en un contexto de perspectivas de demanda limitada y con la complicación adicional de un sistema bancario en medio de su proceso de “desapalancamiento”, no tienen la capacidad de estimular la inversión privada, y la teoría de que la crisis la causa el excesivo crecimiento del gasto público que lleva como solución recortes de gasto público,deprime todavía aún más la economía, y como consecuencia, los ingresos del Estado caen aún más, sin inversiones y con mayores pérdidas de  empleo. Lo paradójico es que la manera negativa en la que ésto afecta a los presupuestos de los gobiernos aumente las exigencias de mayor austeridad, por lo que en este círculo vicioso que se retroalimenta a sí mismo difícilmente podremos ver la salida a la crisis. La realidad es que ha habido pocos progresos en los déficit fiscales de los países que aplicaron enérgicamente las políticas de austeridad, al contrario de resolver los problemas, los están agravando aún más.

En su análisis de las Perspectivas de la Economía Mundial 2012 el FMI ha confesado haberse equivocado en un aspecto fundamental de política económica. En un recuadro del documento, el Fondo se pregunta ¿Estamos subestimando los multiplicadores fiscales a corto plazo? Su respuesta es que, en efecto, los analistas del fondo subestimaron brutalmente el impacto de la política de austeridad fiscal sobre la actividad económica. En el pasado reciente, los modelos del fondo partían del supuesto de que un recorte fiscal equivalente al uno por ciento del PIB provocaría una reducción en la actividad económica de 0.5 por ciento (esto quiere decir que el multiplicador fiscal era equivalente a 0.5). Pero ahora el FMI ha descubierto, con estudios sobre 28 economías, que la austeridad fiscal tiene repercusiones mucho más serias y que el multiplicador es más importante: eso quiere decir que un recorte de un 1% reduce la actividad económica hasta en 1.7%. Es decir, con los nuevos datos es posible concluir que el multiplicador fiscal es tres veces más grande que lo que pensaba el FMI. En realidad, hay numerosos estudios que encuentran que el impacto del recorte fiscal puede  ser hasta diez veces mayor a lo que aceptaba el FMI hace unos meses. Las implicaciones de estos errores son graves. El FMI ha presionado durante los últimos tres años a los gobiernos europeos para que apliquen medidas de austeridad fiscal, igual que hizo con docenas de países subdesarrollados en  las últimas décadas. En especial, el FMI, al igual que el Banco central europeo (BCE) y la Unión Europea, ha exhortado a los gobiernos de Grecia, España, Italia, Portugal e Irlanda a adoptar programas de restricción fiscal con el objeto de recuperar la confianza de los mercados financieros, pero esas medidas sólo han profundizado la recesión.

Se hace patente a día de hoy que recortar el gasto en el actual contexto de depresión solo va a empeorar las cosas, y que un estímulo fiscal ayuda a crear empleo. La vía de impulsar la demanda agregada a través del gasto público tiene importantes defensores como los premios Nóbel de economía Joseph Stiglitz y Paul Krugman. Pero, en su mayoría, la discusión actual asume que España debe implementar políticas de ajuste fiscal y reformas en el mercado laboral para poder así salir de la actual crisis y restaurar el crecimiento
económico. De igual manera, se asume que el gobierno no puede recurrir a una política fiscal expansiva y que el BCE no puede asistir a un país en la implementación de una política expansiva, en forma de alivio cuantitativo o “Quantitative Easing” (QE).
Además, en la medida que el euro sea una moneda sobrevaluada para España, dado que sus niveles de productividad son inferiores a los de Alemania o Francia, el ajuste fiscal actual ofrece la posibilidad de una “devaluación interna”.Esto se logra a través de una reducción en los salarios a medida que la economía se contraecomo resultado de políticas procíclicas. Esto resulta difícil o imposible, ya que España no puede bajar sin más salarios y precios un 25%.

Una solución sostenible consiste en un ajuste simétrico en el que Alemania y España se acerquen, como defiende el economista Wolfgang Münchau. Alemania debería expandirse un poco a través de aumentos salariales  y reformas tributarias, estimulando al sector privado a consumir más, a la par que en España el ajuste se compensaría por lo menos en parte, a través de una demanda estable de productos españoles.
Si Alemania sigue comportándose como un país pequeño, saneándose a expensas del resto de la economía mundial, y especialmente de sus socios europeos más débiles, la ruptura de la eurozona parece más que probable, máxime cuando China y Japón siguen una estrategia similar. Los superávits de un país corresponden necesariamente a los déficits de otro, y si Alemania se sigue negando a participar en el ajuste, los inversores internacionales seguirán sin entender cómo Alemania y España pueden coexistir en una Unión Monetaria.

¿Austeridad, economía o ideología? Ideología, sin duda, nada existe en la teoría económica que sustente la decisión de tomar medidas tan destructivas de forma unilateral.

martes, 18 de octubre de 2011

La Coartada perfecta, el FMI


El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha jugado un papel central en las crisis de las últimas tres décadas. El FMI y el Banco Mundial (BM) fueron creados en 1945, tras las Segunda Guerra mundial. Los objetivos originarios de estas instituciones, que conocemos como IFIs (Instituciones Financieras Internacionales),  son evitar las crisis en el sistema, alentando a los países a adoptar medidas de política económica bien fundadas; ser un fondo al que los países miembros que necesiten financiamiento temporal pueden recurrir para superar los problemas de balanza de pagos, y, además, promover la cooperación internacional en temas monetarios internacionales y facilitar el movimiento del comercio a través de la capacidad productiva. Junto con la FED y su homólogo Europeo, el BCE, conforman una red que marca el rumbo de la economía y la política mundial. 

¿Qué llevó al BM y FMI a reorientar su rol? Una confluencia de acontecimientos. Las potencias occidentales registraban una considerable reducción de su zona para el comercio, las multinacionales veían al globo entero como mercado posible. Para penetrar fronteras era forzoso que los países eliminaran sus leyes proteccionistas y abrieran las economías.

En los años 80, el FMI junto con el BM obligaron a los países que pedían su ayuda por las “crisis de la deuda”, deudas odiosas que eran legado de dictaduras impuestas por juntas militares con la aprobación de EEUU con la excusa de protegerlos del comunismo y asolaron a muchos países en desarrollo durante las décadas 60 y 70, a adoptar un modelo de privatización poco probado y mal definido, pese a ir en contra del programa electoral de los partidos elegidos en su recién estrenada democracia, a lo que se le llamó las Políticas de Ajuste Estructural (PAE) cuyos dos pilares eran la ideología de libre mercado y las ganancias rápidas. Lo que provocaron estas medidas fue un aumento de la deuda externa de los países en los que se recetó y un aumento de las desigualdades sociales.
Las Politicas de Ajuste estructural (PAE), lo que realmente hacen es cambiar las reglas de la economía del pais para beneficio de las grandes empresas e inversionistas. Las PAE tienen cuatro pasos:
  1. La privatización: el gobierno vende empresas e instituciones públicas a inversionistas privados.
  2. Liberalización de los mercados de capital: se reducen los controles sobre la entrada y salida de dinero del país. Para atraer inversionistas al país, se aumentan mucho las tasas de interés.
  3. La introducción de precios de mercado. Esto simplemente quiere decir que el gobierno deja que suban los precios de los alimentos básicos, el agua, y la energía. Comúnmente provoca gran sufrimiento en la población, sobretodo en las mujeres, los niños, y los ancianos.
  4. El comercio libre, que significa la eliminación de las barreras (impuestos y aranceles) a los productos extranjeros que protegen a productores e industrias locales.
Estas cuatro medidas son los pilares básicos de lo que dio a conocer en los años 90 por “Consenso de Washington”, un programa de diez medidas cuyo precursor fue John Williamson, pensado para América Latina pero que sería destinado a cualquier país del mundo.

Davidson Budhoo, economista caribeño que estudió en el London School of Economics y trabajó en el FMI durante 12 años hasta 1988, dimitió por la relación directa de los actos del FMI en la agravación de las crisis y lo que suponía en las vidas de miles de personas, hace importantes denuncias en su carta al director gerente del FMI Michel Camdessus sobre las manipulaciones deliberadas de dicho organismo. La carta, de 150 páginas, se titulaba Enough is Enough (Suficiente es Suficiente), en las que hace estas sorprendentes declaraciones: “Para mí, esta dimisión es una liberación inestimable, porque con ella he dado el primer gran paso hacia ese lugar en el que algún día espero poder lavarme las manos de lo que, en mi opinión, es la sangre de millones de personas pobres y hambrientas. “ 

Durante la década de los 90, el FMI continuó estas políticas, a pesar de sus consecuencias desastrosas durante los años anteriores. Respondió a una serie de crisis financieras en México, Asia del Este, Rusia, Brasil, y Corea del Sur con las mismas estrategias fracasadas. Continuó imponiendo políticas de ajuste estructural a los países en crisis, las cuales no solamente provocaron catástrofes sociales, sino que empeoraron las mismas crisis que pretendían combatir. 
El 25 de septiembre del 2000, en la primera página de los diarios del mundo rebotó, como una simple noticia más, el siguiente dato traído por la agencia informativa AFP: “Unos 19.000 niños mueren diariamente por las políticas monetarias”

Tras las crisis que afectaron a los países en desarrollo a finales de los 90 y principios de este siglo, el FMI quedó muy desprestigiado al fracasar todas las políticas que había recomendado. Ni un sólo país que superó esa crisis, lo hizo siguiendo las recetas del FMI, por el contrario, optaron por modelos muy distintos y eran criticados por ese organismo.

A partir de finales de los 90, las IFIs parecieron empezar a alejarse de las politicas de las dos décadas anteriores, sobre todo el BM, pero estos cambios son solo superficiales, su ideologia central no ha cambiado, como podemos ver hoy con la crisis que azotan a Europa, donde el FMI impone la misma receta de entonces a los países en problemas como Grecia, Portugal, Italia o España. Al destaparse las dificultades de estos países (principalmente de Grecia), para hacer frente al pago de las obligaciones del Estado, la solución propuesta para superar la crisis fue apostar al capitalismo más elemental, volver a las recetas del FMI. Esto figura como parte esencial, necesaria, e imprescindible del rescate a las economías europeas. El FMI será quien supervise que la crisis la paguen la clase media y baja de la sociedad, mientras la clase altas y el capital extranjero obtiene unas ganancias rápidas del “saqueo controlado” del país.

Las críticas al FMI proceden de todos lados, muchos observadores señalan que ambos organismos son más bien incendiarios que bomberos.
Antes de la cumbre de ministros del G20 en París del 15 de octubre, la presidenta de Brasil Dilma Roussef advirtió: "Nunca aceptaremos ciertos criterios que el organismo ha impuesto a otros países. Ya conocemos esa película, ya sabemos lo que es la supervisión del FMI".
Brasil está a favor de aumentar el capital del FMI para que actúe como un freno a la crisis económica global, posición que rechaza Estados Unidos y que no convence a Alemania. Rousseff señaló que si bien su país está dispuesto a aportar más a las arcas del Fondo, descartó por completo hacerlo si el organismo encabezado por Christine Lagarde no deja de lado sus famosas "condicionalidades".

El premio Nobel de economía Joseph Stiglitz, que trabajo en el BM como economista jefe entre 1997 y 2000 fue obligado a renunciar a su puesto por sus criticas a BM y FMI, en las que remarcaba que los principales beneficiarios de las medidas del FMI han sido las empresas extranjeras, mientras que la situación de la población de estos países se agravaba. 
 
El economista Daniel Altman se refirió en 2002 de esta forma al FMI y al BM: "Creadas hace 57 años para reducir la pobreza y estabilizar los mercados de divisas, las dos instituciones cuyas sedes están apenas a una cuadra de distancia en Washington, han luchado denodadamente para colmar las expectativas de sus más grandes accionistas (las naciones ricas más ricas del mundo) tanto como a aquellos que se supone serían sus beneficiarios en el mundo en desarrollo"
Otras críticas, que provienen desde los países ricos hacia estos organismos son las de Paul Krugman, premio Nobel de economia en 2008, que tambien es un critico asiduo sobre el FMI, y de Mark Weisbrot, codirector del Centro para la Investigación Económica y Política, con sede en Washington
Pero una de las más duras proviene de Joe Oloka-Onyango (Uganda) y Deepika Udagama (Sri Lanka) que llaman a una “revisión radical” de todo el sistema de liberalización comercial y a elaborar una “nueva reflexión crítica sobre las políticas e instrumentos del comercio internacional, las inversiones y las finanzas”.
Una crítica generalizada es sobre la marcada ideología neoliberal del FMI, y la aplicación de un tratamiento casi idéntico y poco eficaz a países cuyas circunstancias económicas son muy diferentes, desechando todas las alternativas. Otra es que las condiciones que impone sobre los países que reciben sus fondos degeneran soberanía de éstos, atándolos de pies y manos, pues transfieren las decisiones económicas desde la capital nacional a la sede del FMI en Washington. También se critica la estructura gubernamental del Fondo, que da un poder desigual a los países ricos (en realidad, a una pequeña elite empresarial y financiera de éstos) y excluye las voces de los países más afectados por sus políticas. Otra más es que siempre ha hecho caso omiso de las consecuencias sociales de sus políticas, sobre todo para la gente más pobre, las mujeres y los niños. En resumen, el FMI padece un déficit importante de transparencia, democracia y de responsabilidad. 

Amartya Sen, economista indio y premio nobel de economía en 1998 es un autor importante en el cuestionamiento de las estrategias de las IFIs, propone un camino alternativo a las propuestas neoliberales que tenga en cuenta el desarrollo y el bienestar que ha tenido gran influencia en el cambio de la concepción del desarrollo del BM, sin embargo, este cambio no se refleja en la práctica. En cuanto al FMI ni siquiera se ha planteado esta alternativa.  

Como podemos ver, existe un claro problema con nuestros Organismo Internacionales que debemos abordar, ni el FMI ni el BM se adaptan a las necesidades de transparencia y democracia que hay que pedir a unas instituciones como éstas, ni asumen responsabilidad alguna por las consecuencias de sus políticas. La volatilidad, las crisis financieras y el llamado "muro de la deuda" están afectando a las potencias, especialmente a las del sur de europa, pero de seguir así todo indica que otros países como Francia caerán en el contagio. El FMI sirve como coartada perfecta a los gobiernos electos para ir en contra de los deseos de sus votantes y de la sociedad en su conjunto  y los países adopten su famosa y devastadora receta. Un cambio sólo depende de una decisión política, algo que corroboran los flamantes premios nobel de economía Thomas Sargent y Christopher Sims


sábado, 8 de octubre de 2011

Es hora de coger el timón de la globalización

El sábado 15 de octubre están programadas manifestaciones en más de 300 ciudades en 45 países contra los efectos de la crisis y el camino que han tomado gobiernos e instituciones internacionales para combatirla. Los ciudadanos tienen razones y motivos más que suficientes para su indignación, pero por parte de algunas personas y grupos están difundiéndose consignas anti-capitalistas y anti-globalización que desvían la realidad de la situación a la que nos enfrentamos y sufrimos, en lugar de responsabilizar y cargar contra quienes gestionan el sistema económico nacional y mundial y como éstos últimos marcan el rumbo de la globalización.

La globalización además de la integración cada vez más estrecha de los mercados de todos los países del mundo, abarca muchas cosas, como el flujo internacional de ideas y conocimientos, intercambio cultural, sociedad civil global y el movimiento global a favor del medio ambiente.

Las instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM) no sólo no están haciendo todo lo que está en sus manos para ayudar a los países con problemas, sino que, les están haciendo la vida más difícil, empeorando la situación provocada por la crisis financiera internacional. No existe una sola forma de capitalismo ni una sola forma correcta de gestionar la economía, son diferentes el modelo norteamericano (el que el FMI trata de imponer en todos los países) del modelo japonés, europeo, Chino o de los países nórdicos. Uno de los grandes fallos del FMI es intentar hacer creer que solo hay un conjunto de políticas capaces de hacer que todo el mundo mejore, las famosas medidas de austeridad, privatizaciones y reducción del gasto público que tan de actualidad están, que persiguen la reducción del papel del Estado, ya se llevaron a cabo en otras crisis como la de los países del sudeste asiático o Argentina, con el resultado de un agravamiento de su situación. A día de hoy podemos ver el fracaso de estas medidas en la situación que atraviesa Grecia .

La liberalización del comercio y del mercado de capitales eran dos componentes claves del Consenso de Washington, que se fraguó entre el FMI, BM y el Tesoro de los EEUU, dentro del conjunto de políticas que iban a conseguir promover el desarrollo. Los defensores de este tipo de políticas se centran exclusivamente en el aumento del PIB de los países, haciendo poco caso de otras cuestiones como las que afectan al nivel de vida o la sostenibilidad, con el resultado que estamos viendo hoy, países que aumentan su PIB en los que a su vez, aumentan las desigualdades entre ricos y pobres. Esto se puede ver claramente en como las grandes empresas en plena crisis están consiguiendo beneficios históricos, sus directivos se reparten dividendos millonarios mientras el grueso de la población del país va a peor.

El libre mercado no conduce a la eficiencia económica por si solo y mucho menos a la distribución de los beneficios entre toda la población, con información imperfecta la mano invisible de Adam Smith no existe, sin la regulación apropiada los mercados no conducen a la eficiencia económica, por lo que hay una necesidad de que haya un equilibrio entre mercado y Estado diferente según las circunstancias de cada país.

Para los defensores del libre mercado si la liberalización comercial no ha producido el crecimiento esperado es porque los países no se han liberalizado lo suficiente, o porque la corrupción genera un clima desfavorable para los negocios, pero incluso el FMI ha declarado que la liberalización del capital ha traído inestabilidad en vez de crecimiento. El propio FMI carece de algunas de las reglas básicas de las instituciones democráticas, como transparencia, como se votan los cargos o la asunción de responsabilidades. Hemos llegado a un punto en el que queda claro el fracaso de estas instituciones internacionales tal y como están conformadas hoy, y la necesidad de unas instituciones internacionales transparentes, democráticas y que no actúen en beneficio exclusivo de intereses corporativos y financieros.

La globalización no ha beneficiado a tanta gente como podría y debería haber hecho, hay múltiples cambios que emprender para que ello funcione, tanto en políticas como instituciones económicas internacionales, reglas de juego y mentalidad. para que la globalización funcione mejor y sirva no solo a unos pocos intereses, sino a toda la población.

La cuestión no es si estos cambios se producirán, sino, cuando lo harán, estamos en un momento crítico donde tenemos la oportunidad de dar un giro al sistema y llevarlo por un camino justo y equitativo, sin estar a merced de los intereses corporativos y financieros que socavan la soberanía de los países a través de instituciones como el FMI, hay que apartarse de todas estas acciones improvisadas que ejecutan los gobiernos e instituciones internacionales últimamente y reformar el sistema económico global.