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miércoles, 4 de septiembre de 2013

¿Cambiará la Economía? En memoria de Ronald Coase


Recientemente ha fallecido el profesor Ronald H.Coase, premio Nobel de Economía en 1991 por su estudio de los costes de transacción y derechos de propiedad en torno al problema de las Externalidades. Una externalidad se produce cuando la producción de un bien o servicio afecta a la producción de otros bienes o servicios de otros agentes económicos, tanto sea para bien o para mal, el ejemplo más común es el del humo de una fábrica que provoca efectos nocivos en los que ocupan las propiedades vecinas. Coase encontró que la variable clave es la definición de los derechos de propiedad y que una correcta definición de estos derechos, junto a la negociación entre las partes, consigue someter el problema a criterios de mercado sin la intervención del Estado y los costes que genera y que según el autor “bien pueden producir más daño que la propia deficiencia original”. Es necesario señalar que el denominado Teorema de Coase no implica la desaparición de la extenalidad, sino el logro de un óptimo social por compensación entre las partes.
Esto es lo que expone en su conocido y citado trabajo “El problema del costo social” publicado originariamente en The Jornal of  Law and Economics (1960).

Cómo crítica al proceso de correción de externalidades que propone Coase vía compensación a través del mercado, hay que decir que no siempre es posible determinar quien es responsable del problema, o incluso puede que no haya un grupo diferente a la sociedad misma, lo que da origen a tentativas tanto de corrección como de provisión por parte del Estado. También, el supuesto de que sería posible llegar a un acuerdo general entre los actores a fin de determinar un nivel apropiado de compensación da pie a un problema de revelación de preferencias, ya que los agentes podrían tener incentivos para comportarse estratégicamente acerca de su valoración de los efectos externos. Mas relevante aún es el hecho de que no siempre se da el caso de que los actores posean la necesaria información y/o que los costes legales asociados a una posible negociación sean ínfimos.
Si bien su obra es una contribución muy importante para la ciencia económica, mi atención se centra en la coherencia que exhibía en torno a la manera de ver y abordar los problemas a los que intenta dar respuesta la ciencia económica, rechazando el imperialismo económico y haciendo un llamamiento al estudio interdisciplinar para la consecución de soluciones, reclamando un cambio en la economía, como demandó en una conferencia en la Universidad de Missouri del año 2002 titulada “Por qué la economía cambiará” y publicada en la web del Ronald Coase Institute, de donde extraigo el siguiente extracto:

“Adam Smith fue un gran hombre, fue quizás el más grande economista, pero la diferencia entre lo que ha sucedido en la economía y lo que encontramos en las ciencias naturales como la física, la química o la biología es realmente extraordinario. Isaac Newton fue un gran hombre, hizo una gran contribución, pero no vamos a crear hoy una conferencia basada en la física de Isaac Newton, o en la química de Lavoisier, o en la biología de Charles Darwin. Charles Darwin fue un gran hombre, pero ya no podemos aceptar sus puntos de vista sobre la herencia y por lo tanto de cómo funciona la evolución. Los cambios en la física, la química y la biología continúan hasta hoy.
No se podría dar un curso hoy en día sobre la base de lo que la gente creía hace cincuenta años en la química. Y si se toma la biología, el enfoque ha cambiado por completo por Crick y Watson con el ADN.

Ahora, en un curso sobre economía moderna aún puede utilizar los Principios de Economía de Marshall publicados en 1890 (hace más de cien años ), o aún podría utilizar Economía de Samuelson, primera edición, publicada pienso en 1948.

[…]Lo que creo que es importante es que los economistas no estudian el funcionamiento del sistema económico. Es decir, ellos no piensan que están estudiando un sistema con todas sus interrelaciones. Es como si un biólogo estudia la circulación de la sangre fuera del cuerpo, no llegaría a ninguna parte, pues no sería capaz de discutir la circulación de la sangre en una forma sensata; y eso es lo que sucede en la economía de hecho, el sistema económico es extremadamente complicado. Tiene grandes empresas y pequeñas empresas, empresas diferenciadas y empresas estrechamente especializadas, empresas integradas verticalmente y empresas de una sola etapa, tiene además las organizaciones sin fines de lucro y entidades gubernamentales, y todos unidos, operan para formar el sistema total. Pero, ¿cómo una parte afecta a la otra?, ¿cómo se relacionan entre sí?, ¿cómo funciona realmente?, no es lo que la gente estudia. El error está en la falta de ver el sistema como objeto de estudio.
Ahora, ¿cómo se ve? El estudio puede tener cien años. Pueden pasar doscientos años. Pero de todos modos, debemos comenzar.
[…] Debemos invitar a estos otros profesionales en otros campos en nuestro mundo para que nos ayuden en la comprensión de cómo funciona realmente el sistema económico.

Éstas ideas pueden verse reflejadas en su texto de 1960 en el estudio de las externalidades, donde señala que El costo de ejercitar un derecho (de usar un factor de producción) es siempre la pérdida que sufre la otra parte como consecuencia del ejercicio de ese derecho: la incapacidad para cruzar la tierra, estacionar el auto, construir una casa, disfrutar de un paisaje, tener paz y tranquilidad , o respirar aire puro” así como que “debemos tener en mente que un cambio del sistema existente que conduzca a un mejoramiento en algunas decisiones puede muy bien conducir a un empeoramiento de otras”.

¿CAMBIARÁ LA ECONOMÍA? Como Coase, creo que debe cambiar y que cambiará, en la medida de que la política incentive tales cambios o, simplemente, les de cabida a los ya hechos dentro de su línea de actuación, que deben venir precedidos de una apertura de la ciencia económica y todo avance dentro del entorno académico hacia la sociedad civil, pues el stablishment asentado hoy en los gobiernos mira para otro lado a las alternativas que proponen desde Premios Nóbeles hasta reputados economistas académicos, cuestión de intereses.

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domingo, 16 de junio de 2013

Globalización, crédito y empleo

Los políticos europeos deben conseguir para salir de esta larga crisis que se asoma a su sexto año y sin expectativas de mejora que el crédito vuelva a fluir y fomentar el gasto, para sortear el gasto privado insuficiente y utilizar así la capacidad productiva disponible; todo ello dentro de un marco institucional mundial que cambie el perverso rumbo actual de la globalización.

La solución habitual a la reactivación del crédito es inyectar capital en las instituciones financieras y así que el crédito vuelva a fluir hacia el resto de la economía productiva, algo que no se está consiguiendo como vemos en la falta de confianza, la desviación del capital hacía actividades especulativas muy rentables en una situación de incertidumbre como la actual o hacia destinos de escasa fiscalidad y legislaciones laborales y ambientales sin obstáculo alguno, y las continuas recapitalizaciones a las que asistimos desde el comienzo de la actual crisis, con pérdidas para las arcas públicas y sin la contrapartida de un mayor control por parte de los gobiernos de las entidades recapitalizadas; entidades cuya mala gestión estaba destinada a obtener altas remuneraciones a corto plazo, a pesar del alto riesgo e insostenibilidad y a grandes dosis de corrupción. ¿Y qué pasa con el Banco Central Europeo? No presta a instituciones no financieras, su tarea es hacer préstamos a las instituciones bancarias a bajo interés, que luego prestan a un interés bastante más alto consiguiendo un buen margen de beneficios; con la excepción echa con el Programa de Compra de Bonos Públicos lanzado en mayo de 2010 frente a la crisis de deuda pública de algunos de los países de la eurozona. 

Aún cuando este primer paso se consiga, seguiremos enfrentándonos a un problema de insuficiente demanda agregada. En momentos como el actual, el hueco dejado por el sector privado debe ser ocupado por el sector público, a través de los viejos estímulos fiscales keynesianos. La queja del subconsumo como culpable de los males de la ocupación se aprecia ya en autores mercantilistas como en inglés William Petty, que en 1662 justificaba “las diversiones, los espectáculos suntuosos, los arcos triunfales, etc” apoyándose en que sus costos entraban en los bolsillos de cerveceros, panaderos, sastres, zapateros y otros. Quien mejor representó estas ideas fue Bernard Mandeville en su fábula de las abejas con el poema alegórico “El panal rumoroso o la redención de los bribones”.
Un crecimiento en la propensión a consumir serviría, excepto en condiciones de ocupación plena de las que hoy andamos muy lejos con un elevado desempleo que supera el 27%; para aumentar al mismo tiempo el aliciente para invertir, puesto que las oportunidades de ocupación están necesariamente limitados por la extensión de la demanda total como señala John Maynard Keynes en su Teoría General, por lo tanto, estimular el gasto público será mejor que no hacer nada ante la parálisis de la iniciativa privada.

De no ser así, como hoy estamos viendo en la actual crisis con las políticas de austeridad puestas en marcha por los países así como por los insuficientes estímulos fiscales llevados a cabo en España o Estados Unidos, y que recientemente pondrá en marcha Italia en menor proporción, cuya baja efectividad viene dada por el escaso volumen de recursos utilizados y la corrupción institucional; una vez iniciado el descenso de la ocupación y el ingreso total, éste podría llegar muy lejos, pues establecer un nuevo equilibrio en una sociedad globalizada como la actual implica una caída libre de la que es complicado ver el fondo, ya que mientras exista alguien en el mundo con unas condiciones peores que las nuestras habrá margen para seguir cayendo, aún cuando exista un gobierno nacional con un programa de estímulo fiscal serio, apenas será un parche temporal. Sin unas instituciones internacionales y la existencia de cooperación que exige la globalización hoy, aumentará la brecha de desigualdad entre los más ricos y poderosos y el resto de la humanidad, como se puede apreciar en recientes informes de diversas instituciones internacionales, ello a costa del sacrificio y erosión de nuestros derechos y condiciones de vida que provocan una convergencia hacia quienes se encuentran en peor situación y no a la inversa, una globalización orquestada y llevada a cabo por una clase política que no sirve a los ciudadanos de ninguna parte del mundo, cuyo resultado será explotación y barbarie, muy alejados de la sostenibilidad y libertad efectiva que deberían promover las democracias actuales.

¿Cuánto más tardaremos en crear los incentivos para una democracia efectiva y el control y expulsión de nuestras instituciones democráticas de las élites extractivas que hoy nos gobiernan? No podemos aspirar a tener derechos económicos sin derechos políticos.


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domingo, 24 de febrero de 2013

Carta abierta a todos los defensores de las políticas de ajuste del gobierno


A todos los ciudadanos/as que defienden a capa y espada con una fe inquebrantable, casi mística, a nuestros gobernantes desde el comienzo de la crisis y a pesar de la debacle social que sufrimos y en la que nos es imposible apreciar el final del túnel por el camino tomado por nuestros representantes políticos, esos que hemos elegido democráticamente en las urnas; si bien con una ley electoral hecha a su medida y un debate público prácticamente inexistente, con discursos victoriosos, eslóganes atractivos y aplausos sin más, independientemente de lo que se diga en ellos, sin crítica, sin alternativas, sin exposición de los hechos, siguiendo una estrategia de marketing en la que ni siquiera se ensalzan los atributos del producto, sino que, se limita a exponer los trapos sucios del contrario, y todo con la gran contribución a la causa del servil periodismo oficial, brazo propagandístico y alienante del régimen vigente y que responde a los intereses de sus propietarios; a todos vosotros, va dirigida esta entrada.

Me entristece de sobremanera vuestra capacidad de etiquetar y actuar contra los movimientos sociales y las protestas de ciudadanos activos y hartos de unos representantes políticos que no solo no miran por los intereses de la sociedad, que no sirven al pueblo que les ha elegido, que es la justificación de su cargo; sino que usan la política y el dinero público para crear y mantener sus redes clientelares o aumentar su patrimonio personal; ya sea a nivel local, municipal, autonómico o nacional; y cuya respuesta a la actual “crisis” es destruir las bases del Estado de Bienestar que tanto ha costado construir gradualmente a lo largo del tiempo, desmantelar el cierto nivel de igualdad de oportunidades y desarrollo de nuestra sociedad, cuyas deficiencias en vez de afrontarlas, se ha decidido institucionalmente, aumentarlas. No paro de escuchar día tras día vuestras críticas a las personas que luchan por los derechos de todos, la mayoría ciudadanos de bien, apartados de toda idea de radicalización: autónomos, trabajadores asalariados, amas de casa, estudiantes, jubilados y parados, argumentando que son antidemócratas por alzar la voz y salir a las calles a reclamar que las decisiones políticas atiendan a sus intereses, personas que en su libertad, como vosotros que tanto los demonizáis, reclaman una alternativa que no nos lleve a la miseria y la exclusión social, donde diariamente caen ciudadanos que han visto como en los últimos cinco años sus vidas se desmoronaban y cómo su propio gobierno no sólo no les daba soluciones, sino que les empujaban hacia abajo, trasladando la riqueza desde la base de nuestra sociedad hasta la cima, hacía las grandes empresas y grandes fortunas, cuya situación contrasta enormemente con la situación general de la gran mayoría de todos nosotros, en un país con casi seis millones de parados, la mayor cifra de desempleo de la OCDE.

La conflictividad social existente hoy en las calles de España, o de Portugal, país en el que me encuentro actualmente; se refleja muy bien en estas palabras del político y filósofo inglés del siglo XVII John Locke:“Dado que el legislativo no es más que un poder fiduciario para cumplir ciertos fines concretos, el pueblo sigue manteniendo un poder supremo para expulsar o alterar el legislativo, siempre que consideren que el legislativo actúa en sentido contrario a la confianza puesta en ellos. Pues todo poder que se entrega para el cumplimiento de un fin, tiene como límite ese mismo fin, y siempre que esa finalidad se vea manifiestamente contrariada o incumplida, se ha de retirar forzosamente la confianza, con lo que el poder retorna, necesariamente, a las manos de aquellos que lo entregaron, los cuales lo pueden depositar en las manos de otros, cuando así lo consideren conveniente para su seguridad y salvaguardia. De modo que la comunidad retiene a perpetuidad el poder supremo de sustraerse a los manejos y designios de cualquiera, también de su legislativo, siempre que su comportamiento sea tan cretino o demente como para idear y llevar a cabo medidas que atenten contra la libertad y propiedades –(aquí entran también los derechos)-  de los súbditos. Pues ningún hombre ni sociedad tiene el poder de renunciar a su preservación y, en consecuencia, a los medios para procurársela, a favor de la voluntad absoluta y el dominio arbitrario de otro.”

Una vez dicho esto, voy a centrarme en el argumento central del gobierno sobre el que justifica cualquiera de sus destructivas decisiones, esto es, el DÉFICIT en los presupuestos del Estado. Al igual que los argumentos que vemos en los medios de comunicación continuamente, quien defiende al gobierno y criminaliza a todo el que levante la voz contra él, más allá del conflicto partidista que algunos tienen por pertenecer a algún grupo que defienda un discurso cerrado; vosotros, defensores de las actuaciones del gobierno, repetís una y otra vez la misma teoría ¿Cómo vamos a gastar más de lo que ingresamos? La economía del Estado funciona igual que una economía doméstica, debe tener un presupuesto ajustado para no caer en el impago, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, y argumentos de este estilo. Bien, pues ahora vamos a ver qué de cierto hay en tales afirmaciones

1). Los presupuestos de los Estados no son semejantes a los de las economías domésticas ni funcionan como tal, los hogares pueden recaudar impuestos o de emitir deuda pública, ni tienen las funciones de todo tipo que corresponden a los Estados, yque directamente, conforman los presupuestos. Tal comparación simplemente es absurda y no tiene ninguna base.

2). El déficit en un entorno como el actual donde "Los consumidores no consumen, los productores no producen, las financieras no financian y los trabajadores no trabajan" en palabras del presidente del Consejo Económico y Social de Portugal Silva Peneda; caerá en un proceso acumulativo que se denomina “bola de nieve”, es necesario entender la dinámica de la deuda pública. La menor recaudación a través de impuestos debido al declive de la actividad económica y el mayor gasto debido a los estabilizadores automáticos en tiempos de crisis, y especialmente, el pago de intereses de la deuda que se van acumulando sin que exista crecimiento, provoca que el déficit persista y el volumen de la deuda vaya aumentando, todo ello con la gran ayuda de los recursos que el Estado deja de ingresar debido a los nichos fiscales que hacen que las empresas y grandes rentas tengan una tasa impositiva efectiva menor que PYMES y trabajadores, como mostró, por ejemplo, el multimillonario Warren Buffet en unas declaraciones; y sobre todo, por el dinero que se evade en paraísos fiscales por grandes empresas y grandes fortunas, dinero procedente en su mayoría de rentas del capital y no del trabajo, a las que cada vez se ha ido gravando en mayor medida en contraste con el capital. Los trabajadores están bien sujetos a impuestos en donde trabajan y no tienen la posibilidad de “deslocalizarse”, si bien existe cierta economía sumergida que se hace necesaria muchas veces tras la nefasta legislación que penaliza ser autónomo y permita la continuación de la actividad de la empresa; cosa que de otra forma sería imposible y aún así para muchos lo es, motivo por el que han procedido al cierre cientos de miles de empresas desde el comienzo de la crisis, este montante es ridículo comparado con lo que dejan de pagar las grandes empresas y fortunas, un montante que según el Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda supone el 71% de un volumen de evasión fiscal total que superaba en el año 2011 el 23’3 % del PIB. Lo curioso que quienes están contra el déficit del Estado y son defensores de las políticas de austeridad más enérgicamente intenten legitimar con sus argumentos sobre la fiscalidad a quienes evaden impuestos. Evidentemente, siguiendo esta lógica aplastante, sino existiesen impuestos no existiría evasión fiscal, pero ¿Se puede juzgar la fiscalidad sin tener en cuenta los gastos que permite financiar?

También es muy corriente, tras las grandes movilizaciones, decir que los ciudadanos que se manifiestan y protestan no proponen medidas, esta afirmación viene directamente de su nulo interés en escuchar siquiera las reclamaciones y argumentos de quienes protestan. En una situación en la que hay multitud de alternativas a probar y que solo basta voluntad política para poner en marcha, más allá de la vía única de la austeridad que nos tratan de vender y que nos llevan implantando desde 2010 nuestros gobernantes, que cuentan con el apoyo de las instituciones europeas e internacionales, y que han producido unos efectos devastadores en nuestras variables macroeconómicas y el presupuesto del Estado, que se reflejan en el drama social que hoy vivimos, muchas iniciativas destinadas a luchar contra esta crisis y el sufrimiento innecesario creado y que se pueden poner en marcha, iniciativas que circulan por la red, blogs, y que promueven todo tipo de movimientos y asociaciones, de colectivos profesionales de la economía, de la medicina, o de la enseñanza, cada uno en su especialidad, a las que todo el mundo puede acceder por Internet si se interesa en buscar e informarse.

Contrasten, analicen y evalúen los resultados y efectos de tales políticas, déjense de partidismos, de etiquetar a las personas y escuchen sus argumentos ¿Quiénes son antisistema y antidemocráticos? ¿Son legítimas las quejas y demandas de los ciudadanos que salen a la calle? Ir a las urnas cada cuatro años es condición necesaria pero no suficiente para una sociedad democrática, la democracia se hace día a día siendo el pueblo quien delega funciones y el encargado de controlar las instituciones, pedir responsabilidades y transparencia a quienes las ocupan, éste no es solo nuestro derecho, sino nuestra obligación como parte de la sociedad.

domingo, 5 de agosto de 2012

Un gobierno maquiavélico


El Príncipe de Maquiavelo es un texto dedicado a Lorenzo de Médicis en el cual el autor, prestándose de sus conocimientos y experiencias, trata de articular una teoría susceptible de convertirse en una técnica con la que corregir u orientar el curso mismo de los acontecimientos históricos, en otras palabras, un manual práctico de cómo gobernar.

Antes de las elecciones del 20 de Noviembre, el ahora ministro de Educación, cultura y deportes José Ignacio Wert escribió un libro para la fundación FAES que ha sido editado hace escasos meses, en el que lanza un mensaje maquiavélico del que parece haber tomado buena nota el presidente Mariano Rajoy. Citando El Príncipe de Maquiavelo, apunta: “Es menester, pues, que el que adquiera un Estado ponga atención en los actos de rigor que le es preciso ejecutar, a ejercerlos todos de una sola vez e inmediatamente […]. Precisamente porque semejantes actos han de ejecutarse todos juntos porque ofenden menos […]; los beneficios en cambio han de hacerse poco a poco, a fin de que haya lugar para saborearlos mejor. Así, un príncipe debe, ante todas las cosas, conducirse con sus súbditos de modo que ninguna contingencia, buena o mala, le haga variar […]”

Atendiendo a tal simpatía hacia Maquiavelo, he sacado algunos extractos de esta obra con los que quizás podamos hacer una interpretación de la actuación del actual gobierno, se trata solamente de simples conjeturas, me reservo de hacer afirmaciones pues no me veo en tal condición.

“No puede –ni debe-, pues, un príncipe prudente mantenerse fiel a su palabra cuando tal fidelidad redunda en perjuicio propio y han desaparecido las razones que motivaron su promesa. […]. Un príncipe, además, siempre halla argumentos para justificar la violación de sus promesas, hecho acerca del cual puedo presentar infinitos ejemplos extraídos de los tiempos recientes mostrando cuantos tratados de paz han dejado de cumplirse por deslealtad del príncipe […]. Pero es necesario saber encubrir bien semejante naturaleza así como poseer habilidad para fingir y disimular: los hombres, en efecto, son tan simples y se someten hasta tal punto a las necesidades presentes que quien engaña hallará alguien que se deje engañar […] Así, puedes parecer clemente, fiel, humano, íntegro, devoto y serlo, pero tener el ánimo de tal manera predispuesto que si se hace necesario no serlo puedas y sepas adoptar la actitud contraria […]. Debe, por tanto, un príncipe tener gran cuidado de que nunca salga de su boca cosa alguna que no esté llena de las cinco cualidades mencionadas y de que parezca al escucharle, todo clemencia y buena fe, todo integridad y todo religión.
 
Este primer fragmento podemos verlo como una estrategia para unas hipotéticas elecciones y el incumplimiento de un programa electoral. ¿Deducís algo que por casualidad se parezca a la realidad? 
Sigamos con el siguiente texto, del que aconsejo cambiar algunos protagonistas si queremos leer entre líneas con un entendimiento apropiado. Aquí propondría sustituir soldados por empresas privadas, refiriéndome evidentemente a las que están en posición de influir en los asuntos públicos, o también podemos sustituirlo por clase adinerada, como creáis más oportuno.

“En efecto, los pueblos aman la paz y, por ello, a los príncipes moderados, mientras que los soldados desean príncipes belicosos, insolentes y crueles capaces de ejercitar estas cualidades en contra de los pueblos para cobrar doble sueldo y satisfacer su avaricia y su crueldad. […]. Conociendo la dificultad de conciliar ambas cosas, se inclinaban a dar satisfacción a los soldados sin importarles demasiado agraviar al pueblo. Esta decisión era necesaria porque no pudiendo soslayar los príncipes ser odiados por alguien deben esforzarse ante todo en no ser odiados por la mayoría, y cuando les sea imposible conseguir esto, deben ingeniárselas parra evitar ser odiado por el colectivo más poderoso. […]. Si entonces era más necesario satisfacer a los soldados que al pueblo era porque los soldados tenían más poder que el pueblo; ahora, por el contrario, es necesario a todos los príncipes satisfacer al pueblo más que a los soldados porque los primeros poseen más poder que los segundos.”

El final de este extracto bien querríamos todos los ciudadanos que fuese verdad. Tener elecciones cada  4 años es algo indispensable; pero como podemos comprobar, no es condición suficiente para la democracia. El tercer y último fragmento que he sacado, podemos resumirlo en que cambie todo para que nada cambie.

“Puesto que la materia lo exige no quiero dejar de recordar a aquellos príncipes que adquirieron un Estado mediante el apoyo explícito de sus ciudadanos y cómo deben examinar a fondo las razones que movieron a éstos a ayudarle y favorecerle. Si la causa no ha sido el afecto natural hacia él sino tan solo su descontento con la anterior situación únicamente con esfuerzo podrá conservarlos como amigos dada la imposibilidad de mantenerlos contentos. Y analizando con rigor las causas, merced a ejemplos extraídos de los hechos antiguos y modernos, se verá como resulta mucho más fácil ganarse la amistad de aquellos que se hallaban favorecidos por la situación anterior –y eran, por tanto, sus enemigos- que a aquellos otros cuyo descontento les condujo a hacerse amigos suyos y le ayudaron a apoderarse del Estado.”


Para terminar, podría repetir una crítica de Antonio Gramsci que ya invoqué en el aniversario de su fallecimiento (link), y que viene muy bien exponer de vez en cuando, sobre quienes permanecen indiferentes en situaciones como la que actualmente sufrimos;  pero, para seguir con Maquiavelo dejo unas palabras que cita en El Principe sobre el hecho de ser neutral: “Lo que se os dice de no intervenir en la guerra no puede ser más contrario a vuestros intereses: sin clemencia, sin dignidad, seréis el trofeo del vencedor”.

¿Vamos a permitirlo?