Recientemente ha fallecido el profesor Ronald H.Coase, premio
Nobel de Economía en 1991 por su estudio de los costes de transacción y
derechos de propiedad en torno al problema de las Externalidades. Una
externalidad se produce cuando la producción de un bien o servicio afecta a la
producción de otros bienes o servicios de otros agentes económicos, tanto sea
para bien o para mal, el ejemplo más común es el del humo de una fábrica que
provoca efectos nocivos en los que ocupan las propiedades vecinas. Coase encontró
que la variable clave es la definición de los derechos de propiedad y que una
correcta definición de estos derechos, junto a la negociación entre las partes,
consigue someter el problema a criterios de mercado sin la intervención del
Estado y los costes que genera y que según el autor “bien pueden producir más
daño que la propia deficiencia original”. Es necesario señalar que el
denominado Teorema de Coase no implica la desaparición de la extenalidad, sino el logro de
un óptimo social por compensación entre las partes.
Esto es lo que expone en su conocido y citado trabajo “El problema del costo social” publicado originariamente en The Jornal of Law and Economics (1960).
Cómo crítica al proceso de correción de externalidades que
propone Coase vía compensación a través del mercado, hay que decir que no siempre es posible
determinar quien es responsable del problema, o incluso puede que no haya un
grupo diferente a la sociedad misma, lo que da origen a tentativas tanto de
corrección como de provisión por parte del Estado. También, el supuesto de que
sería posible llegar a un acuerdo general entre los actores a fin de determinar
un nivel apropiado de compensación da pie a un problema de revelación de
preferencias, ya que los agentes podrían tener incentivos para comportarse
estratégicamente acerca de su valoración de los efectos externos. Mas relevante
aún es el hecho de que no siempre se da el caso de que los actores posean la
necesaria información y/o que los costes legales asociados a una posible
negociación sean ínfimos.
Si bien su obra es una contribución muy importante para la
ciencia económica, mi atención se centra en la coherencia que exhibía en torno
a la manera de ver y abordar los problemas a los que intenta dar respuesta la ciencia
económica, rechazando el imperialismo económico y haciendo un llamamiento al
estudio interdisciplinar para la consecución de soluciones, reclamando un
cambio en la economía, como demandó en una conferencia en la Universidad de
Missouri del año 2002 titulada “Por qué la economía cambiará” y publicada en la
web del Ronald Coase Institute, de donde extraigo el siguiente extracto:
“Adam Smith fue un gran hombre, fue quizás el más
grande economista, pero la diferencia entre lo que ha sucedido en la economía y
lo que encontramos en las ciencias naturales como la física, la química o la
biología es realmente extraordinario. Isaac Newton fue un gran hombre, hizo una
gran contribución, pero no vamos a crear hoy una conferencia basada en la
física de Isaac Newton, o en la química de Lavoisier, o en la biología de
Charles Darwin. Charles Darwin fue un gran hombre, pero ya no podemos aceptar
sus puntos de vista sobre la herencia y por lo tanto de cómo funciona la
evolución. Los cambios en la física, la química y la biología continúan hasta
hoy.
No se podría dar un curso hoy en día sobre la base de lo que la gente creía hace cincuenta años en la química. Y si se toma la biología, el enfoque ha cambiado por completo por Crick y Watson con el ADN.
Ahora, en un curso sobre economía moderna aún puede utilizar los Principios de Economía de Marshall publicados en 1890 (hace más de cien años ), o aún podría utilizar Economía de Samuelson, primera edición, publicada pienso en 1948.
No se podría dar un curso hoy en día sobre la base de lo que la gente creía hace cincuenta años en la química. Y si se toma la biología, el enfoque ha cambiado por completo por Crick y Watson con el ADN.
Ahora, en un curso sobre economía moderna aún puede utilizar los Principios de Economía de Marshall publicados en 1890 (hace más de cien años ), o aún podría utilizar Economía de Samuelson, primera edición, publicada pienso en 1948.
[…]Lo que creo que es importante es que los
economistas no estudian el funcionamiento del sistema económico. Es decir,
ellos no piensan que están estudiando un sistema con todas sus interrelaciones. Es como si un biólogo estudia la circulación de la sangre fuera del cuerpo,
no llegaría a ninguna parte, pues no sería capaz de discutir la circulación de
la sangre en una forma sensata; y eso es lo que sucede en la economía de hecho,
el sistema económico es extremadamente complicado. Tiene grandes empresas y pequeñas empresas, empresas diferenciadas y empresas estrechamente
especializadas, empresas integradas verticalmente y empresas de una sola
etapa, tiene además las organizaciones sin fines de lucro y entidades
gubernamentales, y todos unidos, operan para formar el sistema
total. Pero, ¿cómo una parte afecta a la otra?, ¿cómo se relacionan entre sí?,
¿cómo funciona realmente?, no es lo que la gente estudia. El error está en la
falta de ver el sistema como objeto de estudio.
Ahora, ¿cómo se ve? El estudio puede tener cien años. Pueden pasar doscientos años. Pero de todos modos, debemos comenzar. […] Debemos invitar a estos otros profesionales en otros campos en nuestro mundo para que nos ayuden en la comprensión de cómo funciona realmente el sistema económico.”
Ahora, ¿cómo se ve? El estudio puede tener cien años. Pueden pasar doscientos años. Pero de todos modos, debemos comenzar. […] Debemos invitar a estos otros profesionales en otros campos en nuestro mundo para que nos ayuden en la comprensión de cómo funciona realmente el sistema económico.”
Éstas ideas pueden verse reflejadas en su texto de 1960 en el estudio de las
externalidades, donde señala que “El costo de ejercitar un derecho (de usar un
factor de producción) es siempre la pérdida que sufre la otra parte como
consecuencia del ejercicio de ese derecho: la incapacidad para cruzar la
tierra, estacionar el auto, construir una casa, disfrutar de un paisaje, tener
paz y tranquilidad , o respirar aire puro” así como que “debemos tener en mente
que un cambio del sistema existente que conduzca a un mejoramiento en algunas
decisiones puede muy bien conducir a un empeoramiento de otras”.
¿CAMBIARÁ LA ECONOMÍA? Como Coase, creo que debe cambiar y que cambiará, en la medida de que
la política incentive tales cambios o, simplemente, les de cabida a los ya
hechos dentro de su línea de actuación, que deben venir precedidos de una
apertura de la ciencia económica y todo avance dentro del entorno académico
hacia la sociedad civil, pues el stablishment asentado hoy en los gobiernos
mira para otro lado a las alternativas que proponen desde Premios Nóbeles hasta
reputados economistas académicos, cuestión de intereses.
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