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miércoles, 4 de septiembre de 2013

¿Cambiará la Economía? En memoria de Ronald Coase


Recientemente ha fallecido el profesor Ronald H.Coase, premio Nobel de Economía en 1991 por su estudio de los costes de transacción y derechos de propiedad en torno al problema de las Externalidades. Una externalidad se produce cuando la producción de un bien o servicio afecta a la producción de otros bienes o servicios de otros agentes económicos, tanto sea para bien o para mal, el ejemplo más común es el del humo de una fábrica que provoca efectos nocivos en los que ocupan las propiedades vecinas. Coase encontró que la variable clave es la definición de los derechos de propiedad y que una correcta definición de estos derechos, junto a la negociación entre las partes, consigue someter el problema a criterios de mercado sin la intervención del Estado y los costes que genera y que según el autor “bien pueden producir más daño que la propia deficiencia original”. Es necesario señalar que el denominado Teorema de Coase no implica la desaparición de la extenalidad, sino el logro de un óptimo social por compensación entre las partes.
Esto es lo que expone en su conocido y citado trabajo “El problema del costo social” publicado originariamente en The Jornal of  Law and Economics (1960).

Cómo crítica al proceso de correción de externalidades que propone Coase vía compensación a través del mercado, hay que decir que no siempre es posible determinar quien es responsable del problema, o incluso puede que no haya un grupo diferente a la sociedad misma, lo que da origen a tentativas tanto de corrección como de provisión por parte del Estado. También, el supuesto de que sería posible llegar a un acuerdo general entre los actores a fin de determinar un nivel apropiado de compensación da pie a un problema de revelación de preferencias, ya que los agentes podrían tener incentivos para comportarse estratégicamente acerca de su valoración de los efectos externos. Mas relevante aún es el hecho de que no siempre se da el caso de que los actores posean la necesaria información y/o que los costes legales asociados a una posible negociación sean ínfimos.
Si bien su obra es una contribución muy importante para la ciencia económica, mi atención se centra en la coherencia que exhibía en torno a la manera de ver y abordar los problemas a los que intenta dar respuesta la ciencia económica, rechazando el imperialismo económico y haciendo un llamamiento al estudio interdisciplinar para la consecución de soluciones, reclamando un cambio en la economía, como demandó en una conferencia en la Universidad de Missouri del año 2002 titulada “Por qué la economía cambiará” y publicada en la web del Ronald Coase Institute, de donde extraigo el siguiente extracto:

“Adam Smith fue un gran hombre, fue quizás el más grande economista, pero la diferencia entre lo que ha sucedido en la economía y lo que encontramos en las ciencias naturales como la física, la química o la biología es realmente extraordinario. Isaac Newton fue un gran hombre, hizo una gran contribución, pero no vamos a crear hoy una conferencia basada en la física de Isaac Newton, o en la química de Lavoisier, o en la biología de Charles Darwin. Charles Darwin fue un gran hombre, pero ya no podemos aceptar sus puntos de vista sobre la herencia y por lo tanto de cómo funciona la evolución. Los cambios en la física, la química y la biología continúan hasta hoy.
No se podría dar un curso hoy en día sobre la base de lo que la gente creía hace cincuenta años en la química. Y si se toma la biología, el enfoque ha cambiado por completo por Crick y Watson con el ADN.

Ahora, en un curso sobre economía moderna aún puede utilizar los Principios de Economía de Marshall publicados en 1890 (hace más de cien años ), o aún podría utilizar Economía de Samuelson, primera edición, publicada pienso en 1948.

[…]Lo que creo que es importante es que los economistas no estudian el funcionamiento del sistema económico. Es decir, ellos no piensan que están estudiando un sistema con todas sus interrelaciones. Es como si un biólogo estudia la circulación de la sangre fuera del cuerpo, no llegaría a ninguna parte, pues no sería capaz de discutir la circulación de la sangre en una forma sensata; y eso es lo que sucede en la economía de hecho, el sistema económico es extremadamente complicado. Tiene grandes empresas y pequeñas empresas, empresas diferenciadas y empresas estrechamente especializadas, empresas integradas verticalmente y empresas de una sola etapa, tiene además las organizaciones sin fines de lucro y entidades gubernamentales, y todos unidos, operan para formar el sistema total. Pero, ¿cómo una parte afecta a la otra?, ¿cómo se relacionan entre sí?, ¿cómo funciona realmente?, no es lo que la gente estudia. El error está en la falta de ver el sistema como objeto de estudio.
Ahora, ¿cómo se ve? El estudio puede tener cien años. Pueden pasar doscientos años. Pero de todos modos, debemos comenzar.
[…] Debemos invitar a estos otros profesionales en otros campos en nuestro mundo para que nos ayuden en la comprensión de cómo funciona realmente el sistema económico.

Éstas ideas pueden verse reflejadas en su texto de 1960 en el estudio de las externalidades, donde señala que El costo de ejercitar un derecho (de usar un factor de producción) es siempre la pérdida que sufre la otra parte como consecuencia del ejercicio de ese derecho: la incapacidad para cruzar la tierra, estacionar el auto, construir una casa, disfrutar de un paisaje, tener paz y tranquilidad , o respirar aire puro” así como que “debemos tener en mente que un cambio del sistema existente que conduzca a un mejoramiento en algunas decisiones puede muy bien conducir a un empeoramiento de otras”.

¿CAMBIARÁ LA ECONOMÍA? Como Coase, creo que debe cambiar y que cambiará, en la medida de que la política incentive tales cambios o, simplemente, les de cabida a los ya hechos dentro de su línea de actuación, que deben venir precedidos de una apertura de la ciencia económica y todo avance dentro del entorno académico hacia la sociedad civil, pues el stablishment asentado hoy en los gobiernos mira para otro lado a las alternativas que proponen desde Premios Nóbeles hasta reputados economistas académicos, cuestión de intereses.

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sábado, 12 de noviembre de 2011

A la deriva del mercado


En nuestras actividades económicas nada sabemos de las necesidades ajenas que nuestro esfuerzo productivo contribuirá a satisfacer ni de los esfuerzos ajenos que acaban satisfaciendo nuestras propias necesidades. Casi todos ponemos nuestra aportación productiva al servicio de desconocidos, cuya existencia incluso ignoramos, mientras basamos nuestra vida en el consumo de bienes y servicios facilitados también por gente que desconocemos. Ahora bien, ello solo es posible sometiéndonos a unas normas tradicionales que no han sido establecidas por nadie deliberadamente, no han surgido por la planificación de ningún individuo. Al igual que el mercado, el lenguaje, el arte o incluso la propia razón son producto de la evolución cultural surgida de un orden espontáneo a través de millones de procesos de interacción humana, este es uno de los argumentos por el que, la idea de que la razón pueda hoy determinar el curso de la evolución, para los defensores del orden espontáneo resulta contradictorio.

Friedrich Hayek afirmó a lo largo de su obra que: "Si la humanidad se negara a asumir las mencionadas normas tradicionales, condenará a muerte y a la miseria a gran parte de la población actual". Todos los que se consideran liberales, a pesar de sus diferencias, no van contra la desaparición del Estado, sino que solamente, su función se limite a preservar las normas tradicionales, lo que denominan estado de derecho o imperio de la ley, un orden constitucional de acuerdo a unas reglas que garanticen la libertad individual a través de la protección de la propiedad privada que evite la coacción de otros individuos y el cumplimiento de los compromisos contractualmente contraídos.


Al contrario que los intelectuales con tintes socialistas, piensan que no hay ninguna razón para suponer que este orden espontáneo debe apuntar a la consecución de determinados fines, como por ejemplo, el logro de la felicidad  o una distribución más equitativa de la riqueza.

“El bienestar de la gente[…]no depende de principio alguno […]; porque los resultados dependen de decisiones que a su vez son consecuencia de hechos que no cabe regular a través de normas de carácter general” Immanuel Kant.

Insistir en que todo cambio sea justo equivale a paralizar la evolución, si alguien hubiese impuesto sobre sus semejantes determinados criterios de justicia basados en la igualdad, la sociedad civilizada no habría llegado a aparecer, ya que al reprimir las diferencias, paralizaría la posibilidad de nuevos descubrimientos.
Si todos fuéramos iguales, serían muy escasas las ventajas que podrían ofrecernos la división del trabajo y mínimas las que se derivarían de la coordinación del esfuerzo de los sujetos.

Lo fundamental de la teoría del comercio internacional se encuentra en las obras de Adam Smith y David Ricardo. Subrayaron que el libre cambio de mercancías tangibles e intangibles mejora la situación de los consumidores, y también que el librecambio permite aprovechar al máximo los recursos dados de una región y favorece su crecimiento a lo largo del tiempo.
Smith señaló que “en un país sin comercio extranjero[…] los señores feudales en poco más podrían gastar sus ingresos que en mantener a miles de dependientes y servidores mientras que los ricos y poderosos de su tiempo empleaban directamente a muchas más personas con su consumo distribuido en mil diferentes mercancías […] Lo que hacia que el trabajador mas pobre de una comunidad moderna tuviera a su disposición mayor numero de “servidores” y gozara de mayores comodidades que mas de un rey africano, dueño absoluto de la vida y libertad de diez mil salvajes desnudos”.

En cuanto a Ricardo,  proclamó que “ los amigos de la humanidad no pueden sino desear que en todos los países las clases trabajadoras tengan gusto por comodidades y disfrutes, y que por todos los medios legales se estimulen sus esfuerzos por conseguirlas […] Es importante la felicidad de la humanidad, que nuestro bienestar aumente por la mejor distribución del trabajo, porque cada país produzca esos bienes a los que sus situación, su clima y sus otras ventajas naturales y artificiales les adapta, y por su intercambio con los bienes de otros países”

El fin de un comercio mundial más libre es, pues, que gocemos de mas comodidades y que disfrutemos mas, lo que se consigue con una mejor aplicación del trabajo

Algo que podemos constatar es cómo la revolución industrial vino acompañada por la liberación política, así gran bretaña comenzó a industrializarse masivamente a partir de principios del s.XVIII gracias a la aceptación generalizada de las normas tradicionales que promueven el desarrollo económico, mientras Francia no consiguió hacerlo hasta finales del s.XIX y España ,hubo de esperar para dar ese salto a la segunda mitad del s.XX

La incomprensión de Karl Marx, Rousseau y otros muchos autores sobre la capacidad liberadora del capitalismo la ha explicado Hayek por la dificultad de la gente común para entender el funcionamiento y papel del mercado. La opacidad del mercado por el hecho de que no es una institución que funciona con una mente que lo controle todo centralizadamente, sino en la división del conocimiento.
Los entornos de conocimiento de los individuos son parciales por necesidad, y se entrecortan con los campos de información de otros individuos, dejando a los precios como los únicos vehículos de información más general.


Carl Menger explicó muy acertadamente la complejidad de las relaciones humanas “El valor de cualquier articulo es la estimación que el sujeto económico establece en relación con la importancia que los bienes disponibles tienen para potenciar sus personales apetencias y su nivel de bienestar “. Estas preferencias que, ni siquiera puede precisar nítidamente muchas veces el propio interesado, su conocimiento le esta vedado a los demás. Pese a ello, el mercado consigue coordinar los esfuerzos productivos de millones de actores situados en diferentes situaciones y entornos y que, disponen de muy diversa información, estableciéndose una trama de relaciones mercantiles que se va plasmando en un esquema imprevisible, de superior complejidad a la que los individuos aisladamente hubiesen podido alcanzar.
El que la utilidad de determinado bien o servicio, definida como su capacidad de satisfacer una necesidad humana, difiera según los individuos parece hoy algo tan evidente que resulta sorprendente constatar  que aún algunos intenten interpretar la utilidad como algo objetivo.
No puede planificarse lo que no se puede conocer. La adecuada comprensión del papel que desempeña la transmisión de información constituye la clave para entender el funcionamiento de los órdenes espontáneos extensos.


Sin embargo, hay varias razones que ponen de manifiesto la necesidad, no de una mente planificadora, sino, junto al respeto de las normas tradicionales, la aceptación de unas normas morales que respetando las libertades individuales, impidan la manipulación y aprovechamiento evidente del mercado global por parte de  una oligarquía mundial de grandes empresas transnacionales que tejen una red de poder, más amplio que el de cualquier país, incluido Estados Unidos, capaz de intervenir y actuar en el mercado a favor de sus propios intereses de forma completamente deliberada. Los grandes pensadores del libre mercado, a pesar de lo acertado de su teoría, nunca previeron la enorme acumulación de poder y de información de estas corporaciones transnacionales, que hoy controlan el mercado y evidencian claramente que ha llegado el momento de la razón para hacer frente a estos fallos de mercado que se hacen hoy insostenibles. La mayoría de los economistas de hoy no pregunta quien controla las reglas de la economía mundial, visualizándola como un mercado descentralizado, competitivo, que no se puede descartar. Sin embargo, esta nueva evidencia sugiere que la influencia económica mundial estámuy concentrada en las grandes empresas transnacionales. Una realidad de la que parece ser, los intelectuales del libre mercado no quieren oir hablar, pero que de vez en cuando, y a pesar del secuestro de los medios de comunicación por estos intereses corporativos, esta realidad sale a la luz . 


La idea de que unos pocos banqueros controlan gran parte de la economía mundial siempre ha sido objeto de críticas por considerarla una idea "conspiranoica".

 Un estudiorealizado recientemente por tres científicos de la Universidad de Zurichy difundido por NewScientist, ha demostrado de forma empírica que un pequeño grupo de empresas, encabezado por los grandes bancos, ejerce un poder desmedido y hegemónico sobre la economía global. El estudio es el primero en observar que 147 empresas (menos del 1%) forman una macroentidad que controla el 40 % de la riqueza mundial. En la punta de esta pirámide se encuentran las principales entidades financieras: Barclays, JP Morgan, Credit Suisse, Bank of America, UBS, AXA, Goldman Sachs y Deutsche Bank, entre otros. La estrecha relación que hay entre ellos los hace plenamente vulnerables ante un colapso.

Para contener las consecuencias de la concentración del poder se requieren nuevas instituciones supranacionales y un cambio en las reglas de juego que imperan en la economía global, ya que la crisis actual, al parecer creada deliberadamente por estas corporaciones transnacionales, en la que aún no se han abordado la raíz de los problemas que ocasionaron la crisis, ni establecido responsabilidad alguna, ha dejado patente que una de las causas principales,si no la principal, de esta crisis, ha sido la falta de regulación.

Si equiparamos la especulación de los "derivados financieros" con el fútbol, podríamos hacer una analogía que explicaría bastante bien como funcionan, sería algo así: son dueños de la cancha, del balón y los dos equipos que juegan (después de haber impuesto al jefe de la policía, a los políticos de turno y al gobernador del estado). Son también propietarios de la transmisión exclusiva del partido, imponen las reglas del juego y están conectados a un casino donde apuestan al resultado que también conocen.


El concepto de orden espontáneo de crecimiento ilimitado se da de bruces de una forma más clara desde un punto de vista nada deliberado, que nada tiene que ver con la inteligencia de una mente o mentes humanas, como lo es la propia naturaleza, claro ejemplo de ello es la contaminación de las aguas, la tala indiscriminada de árboles, la extinción de especies animales y vegetales, el agotamiento del petróleo…pone en evidencia claramente que el crecimiento tiene un limite, y la rápida decadencia de lo citado es directamente causa de la evolución cultural, y por tanto, del mercado, a la que tanto debe.
No existe Pandora alguno donde las redes corporativistas de nuestro planeta puedan ir a buscar una fuente de energía alternativa, árboles, agua…ni siquiera escapar ante la destrucción ocasionada. Ésta es una destrucción que sigue un orden espontáneo extenso similar al del incomprendido mercado, que tanto han defendido los teóricos del libre mercado, lo que obliga a un cambio en la estructura del sistema que de paso a un desarrollo sostenible. No hay duda de que la evolución de la civilización esta íntimamente ligada a la adopción de unas normas tradicionales y al libre intercambio entre millones de personas en el mercado, personas como hemos dicho antes, con una multitud de fines distintos, y distintos gratos de utilidad. La supervivencia y aumento de la población a la que se hace referencia para intentar legitimar este concepto de mercado,  que olvida por completo una justicia distributiva ajena o un desarrollo sostenible, hoy evidencia que, paralelamente, está asentando las bases de nuestra propia extinción.

Por tanto, soy partidario de que haya llegado el momento de la razón, marcar un rumbo sostenible de forma deliberada, a través de la adopción de nuevas normas que junto a las normas tradicionales, formen un nuevo esquema donde, a través de las interacciones voluntarias de millones de personas en busca de diversos fines y con distinta información, permitan una mayor eficiencia no solo en beneficios en términos de capital, sino en términos de desarrollo sostenible, y porque no, de justicia social y de bienestar, admitiendo esto como un incentivo para que todos aceptemos el nuevo marco normativo, porque, a pesar del carácter individualista del mercado, todos somos necesarios para la buena marcha del planeta en el que vivimos, quieran verlo o no, es evidente que todos vamos en el mismo barco.
Esto espero que no se confunda la visión planificadora de la producción por una o varias mentes que dirigen las preferencias individuales agregándolas, erróneamente, en preferencias comunes, obviando la distinta utilidad y necesidades de los individuos, así como los múltiples fines individuales, que el mercado hace posible coordinar.

Los acontecimientos previos a la destrucción del planeta por nuestra civilización, harán que, la necesidad de controlar los escasos recursos produzca, primero el cierre de los mercados internacionales, y por último, una batalla por los recursos que no se tienen para intentar sobrevivir, lo que, hace que sea una evidencia empírica que sea inevitable la explosión del último conflicto bélico de la humanidad. Aún así ante la grave crisis que estamos sufriendo, quizás deban ser tenidos en cuenta los argumentos aquí expuestos para evitar una revolución social que cada día cobra más fuerza en Europa.

Esta frase tan citada de John Maynard Keynes “A largo plazo, todos estaremos muertos”   se toma muchas veces por los defensores del libre mercado como puro egoísmo, que no importa el daño que se infrinja a futuras generaciones, sino el corto plazo que atienda a la opinión pública presente, pero, tras lo expuesto anteriormente, yo la tomaría literalmente, como el fin de la civilización.


 

martes, 2 de agosto de 2011

Hacia un nuevo sistema. Capitalismo Social

El capitalismo ha aumentado el nivel de vida en general de los países, pero también ha hecho que aumenten las desigualdades sociales dentro de los países, aumentando la brecha entre ricos y pobres.

Sabemos que no hay una fórmula económica perfecta porque al otro lado del capitalismo, el comunismo, limita la libertad y las expectativas de vida.
El socialismo designa aquellas teorías y acciones políticas que defienden un sistema económico y político basado en la socialización de los sistemas de producción y en el control estatal (parcial o completo) de los sectores económicos, lo que se oponía frontalmente a los principios del capitalismo. Aunque el objetivo final de los socialistas era establecer una sociedad comunista o sin clases, se han centrado cada vez más en reformas sociales realizadas en el seno del capitalismo. A medida que el movimiento evolucionó y creció, el concepto de socialismo fue adquiriendo diversos significados.

En las democracias industrializadas de Europa y Estados Unidos, la mayor  prueba que tuvo que superar el capitalismo desde su aparición se produjo a partir de la década de 1930, la Gran depresión. La crisis se originó en los Estados Unidos, a partir de la caída de la bolsa de Nueva York del 29 de octubre de 1929, el conocido Crack del 29, y rápidamente se extendió a casi todos los países del mundo. Los países comenzaron a recuperarse a mediados de la década de 1930, pero sus efectos negativos en muchos países duraron hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Después de la Segunda Guerra Mundial, las leyes regulatorias aprobadas en Estados para la banca tras el crack del 29, demostraron que el capitalismo de economía mixta o del Estado del bienestar había logrado que no hubiese una crisis durante más de 30 años, lo que llevó a pensar que no se necesitaba esa regulación y que las fluctuaciones cíclicas habían acabado. Hasta que llegó la primera crisis del petróleo en 1973.

Fue sobre todo después de 1945 cuando se relacionó el socialismo con la gestión de la economía por parte del Estado y con la expansión del sector público a través de las nacionalizaciones. Las nacionalizaciones tenían por lo general objetivos más prácticos, como rescatar empresas capitalistas débiles o ineficaces, proteger el empleo, mejorar las condiciones de trabajo o controlar las empresas de servicio público. A pesar de que las nacionalizaciones han sido relacionadas a menudo con los partidos socialistas fueron con frecuencia los gobiernos de partidos no socialistas los que recurrían a ellas.
Hacia el final de la década de 1950, los partidos socialistas de Europa occidental empezaron a descartar el marxismo, aceptaron la economía mixta, y abandonaron la idea de un sector nacionalizado en continua expansión. En España el Psoe abandonó el marxismo durante la transición, en mayo de 1979.
Los nuevos objetivos del socialismo eran ante todo la redistribución de la riqueza de acuerdo con los principios de igualdad y justicia social
Los socialdemócratas creían que un crecimiento económico continuado serviría de apoyo a un floreciente sector público, aseguraría el pleno empleo y financiaría un incipiente Estado de bienestar. Estos supuestos eran a menudo compartidos por los partidos conservadores o democristianos y se ajustaban de una forma tan estrecha al desarrollo real de las sociedades europeas que el periodo comprendido entre 1945 y 1973

En la década de los 80 llegó el neoliberalismo,(en realidad ya se habia experimentado antes en Chile) los descendientes ideológicos de Adam Smith, con Milton Friedman a la cabeza, habían vuelto a adoptar la denominación de liberales. Este último término había caído en un progresivo desprestigio entre economistas, políticos, escritores y en medios influyentes de la opinión pública, debido a la creciente ineficacia que fue demostrando el sistema del laissez faire con su gran derrumbe, como consecuencia de la Gran Depresión de los años 30. 
Los gobiernos como el de EEUU y Gran Bretaña con Ronal Reegan y Margaret Tatcher a la cabeza adoptaron los supuestos liberales en la década de los 80, acabando con todo lo puesto en marcha por el New Deal, la politica intervencionista puesta en marcha por Roosevelt para luchar contra los efectos de la Gran Depresión para regular los mercados, sostener a la población más pobre y impulsar la economía estadounidense, y las posteriores teorías de Keynes que impulsaron el Estado de Bienestar. Así, desde los 80, el capitalismo dió un giro hacia la desregulación y empezó la ola de privatizaciones que sigue a dia de hoy. El resultado ha sido una creciente oligopolización en el mundo en general en los sectores productivos principales, cuyo objetivo para un mercado global liberalizado son algunos sectores de europa occidental aún protegidos por el gobierno, sanidad y educación, y los pozos petrolíferos de Oriente próximo. Esta desregulación que se achaca a gobiernos conservadores ha sido llevada en algunos casos por gobiernos socialistas.En España, por ejemplo, fue el partido socialista con Felipe González a la cabeza el que comenzó esta tendencia, que fue continuada por sus predecesores en el cargo.
La receta del Neoliberalismo para las crisis consiste en privatizaciones, desregulación y recortes sociales, esto es lo que propone el FMI desde hace más de 30 años, desde las crisis de los países sudamericanos de los años 80 y 90, la crisis asiática de los 90 y las que estamos viendo estos días con los países rescatados de la UE, como Grecia, siguiendo la doctrina del Shock, todo de una vez y rápido, donde se está sufriendo una tragedia o una crisis, esta gente ve su oportunidad para implantar sus medidas. Para llevar a cabo estas medidas suelen juntarse politicos enriquecidos y un grupo de empresas multinacionales para acaparar estos mercados, por lo que más que capitalismo, estas políticas Neoliberales llevan al Corporativismo.

Los hechos de los últimos meses han llevado a algunos a pensar que el capitalismo está tocando fondo, que ya alcanzó su límite. Yo pienso lo contrario o más bien pienso que el capitalismo salvaje neoliberal ha llegado a su fin.
Debemos avanzar hacia una teoría económica eficaz para limitar el poder de estos oligopolios mundiales y para asegurar que los precios se formen en un mercado libre de interferencias privadas o estatales

Hay que buscar un punto medio entre el capitalismo salvaje neoliberal o corporativismo, y el socialismo de nacionalizar todo e intervenir continuamente en el mercado. Lo llamaré Capitalismo social. Es imposible dar marcha atrás, va a seguir existiendo la propiedad privada, ya que al propietario que ha invertido su dinero le pertenece por lo que haya pagado, y la expropiación estatal hace huir a los inversores y limitan las libertades personales que caracterizan a una democracia, así como los mercados seguirán actuando según el libre juego de las fuerzas de la oferta y la demanda, incentivando la competencia, la innovación, el progreso tecnológico y dar a los consumidores un abanico más amplio de productos donde elegir, lo que suele denominarse como “libre comercio” en un mundo cada día más globalizado.

 La globalización ha unificado mercados, sociedades y culturas, la creciente comunicación e interdependencia entre distintos países ha traído los beneficios de la especialización para los países que participan en el comercio internacional. Supuestamente algunos obtienen ventajas del intercambio al aumentar la cantidad de bienes y, por consiguiente, aumentara la cantidad de consumo. De esta manera, por la misma cantidad de trabajo, un país obtiene un mayor volumen de bienes y por tanto, mayores beneficios.

El Capitalismo social es la reconciliación del mercado con la igualdad social una trayectoria media entre el Socialismo y el Capitalismo y tiene como objetivo el mantener de un equilibrio entre un alto índice del desarrollo económico, de innovación, baja inflación, niveles bajos de desempleo, buenas condiciones de trabajo, y financiar el estado de bienestar y servicios públicos mediante la intervención del estado, repartiendo los grandes beneficios provenientes del capitalismo en manos privadas mediante el sector público, usando medidas fiscales para repartir estos beneficios entre todos y financiando un sector público que es la base sobre la que emergen las actividades privadas que crean empleo y riqueza.

Hay que ser conscientes de que la regulación estatal de las actividades capitalistas debe ir pareja al desarrollo correspondiente de las formas de regulación supranacionales, es decir, es muy importante la cooperación fiscal entre países, para que así los países dejen de competir entre ellos para traer inversores y no se vean presionados a no usar los instrumentos fiscales que poseen temiendo una fuga de capitales del país, a otro con una fiscalidad más complaciente para ellos. Siempre habrá países que no acepten la regulación y haya inversores que acepten invertir en esos países con mayor riesgo debido a su codicia, a invertir en países regulados más protegidos contra una crisis, aun así, tanto el mercado regulado como el no regulado estarán conectados debido a que puede haber inversores extranjeros que inviertan en los dos mercados, suponiendo que se les impida a los inversores nacionales jugar en los mercados no regulados.


Algunas medidas internacionales que podrían tomarse, aunque la cooperación entre países en estos ámbitos son difíciles, pero que acabarían con gran parte del problema de la especulación en los mercados financieros son:

-Regulación del mercado financiero mediante la implantación de una tasa para las transferencias, como la Tasa Tobin o la Tasa Robin Hood, frenando muchas de las operaciones especulativas, que no todas, así como controlar qué se vende en estos mercados tan opacos y nada transparentes que no tienen regulación ninguna. 

-Control de las agencias de calificación, para saber en que se basan para calificar los activos financieros, ya que pusieron la nota mas alta a las hipotecas subprime que fueron el principio de la crisis y son las responsables de que se produzcan los ataques especulativos contra la deuda de países como Grecia, Italia y España, reduciendo su calificación.

-Investigar los paraísos fiscales y perseguir con el peso de la justicia a las empresas y grandes rentas que los usen para evadir impuestos

-Eurobonos, esto quizás sería necesario para evitar que se especule con la deuda de los países y haya una unión más fuerte, estos bonos tendrán una mayor confianza y aliviarían problemas a los países, pero no se garantiza que no se especule con ellos, aún así la veo una medida mejor que el simple hecho de eliminar la prohibición al BCE de comprar deuda directamente a los países.

Los ciudadanos de cada país también tenemos la responsabilidad de velar por la transparencia y mejora de nuestra democracia. Medidas como:

-Controlar el nivel de endeudamiento de bancos y cajas, que no adopten riesgos a un nivel que sea un problema para el sistema.

-Poner un techo a los salarios, no puede ser que un directivo cobre 400 veces mas que sus trabajadores, y que una buena parte de los beneficios obtenidos por la empresa se inviertan en la creación de empleo en vez de repartirse dividendos millonarios entre sus directivos mientras hacen EREs despidiendo a miles de trabajadores, algo irrazonable y que no se debe permitir.

-Transparencia en las administraciones públicas, para saber que se hace con el dinero público. Hoy en día Internet ofrece unas posibilidades que nunca antes han existido, aprovechémoslas para que los ciudadanos puedan tener conciencia  de cómo se gestiona. Así como eliminar los privilegios políticos
-La ocupación de cargos públicos debe ser por méritos y no por enchufe, gente competente que haya dado muestra de su conocimiento

-Un modelo de educación de calidad, ya que es el activo más importante con el que cuentan los países.

-Supervisión y control de las ayudas proporcionadas por el estado en concepto de exenciones, deducciones o subvenciones. Tener los suficientes inspectores para ver si las ayudas se están usando para lo que se dieron.

-Investigar el mercado de trabajo. La economía sumergida es un gran problema en muchos países desarrollados, son transacciones ocultas a los ojos del fisco, evitando pagar impuestos. En España por ejemplo, supone 1 de cada 4 euros del PIB. 

Con la regulación del capitalismo, el capitalismo social puede ser un punto intermedio dónde nos beneficiemos de lo bueno del capitalismo como del socialismo, donde avancemos hacia un desarrollo sostenible, haciendo un mundo mas justo y mejor para vivir, todos debemos tener las mismas oportunidades para desarrollarnos como personas libres, que las aprobechemos o no, depende de cada uno, en eso consiste la igualdad, no en la premisa de que todos debemos tener lo mismo, algo absurdo partiendo de que no tenemos las mismas necesidades, situaciones, pensamientos, motivaciones ni gustos.