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lunes, 16 de abril de 2012

YPF ¿Un punto de inflexión en el sistema?

La bandera de YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales) ondea junto a la de Argentina, delante de las oficinas de YPF en Buenos Aires después de que se anunciase su expropiación de manos del gobierno Argentino de Cristina Fernández de Kirchner. 

 

Los acontecimientos que llevaron hoy a tal desenlace, tienen su comienzo en 1999 , cuando Repsol adquiere el 97,81% de la argentina YPF S.A, la mayor compañía privada de petroleo y gas de Latinoamerica, que cayo dentro de la ola privatizadora del gobierno de Carlos Menem, quien, tras haber asumido la deuda de la empresa petrolera y haber despedido a casi 35 mil de sus trabajadores, remató YPF en una operación irregular y a un precio muy por debajo de su valor. Repsol entonces amplio su capital a 288 millones de acciones como parte del plan de refinanciación tras la adquisición de YPF. 

Vamos a evaluar brevemente las situaciones de ambas empresas antes de la adquisición de YPF por parte de Repsol:

Antes de 1999, los activos de Repsol estaban repartidos de la siguiente manera: Industrialización y Comercialización, 42 %; Gas, 27 %; Exploración y Producción, 23 % (de los que la mayor parte corresponde a Producción). Los activos de YPF, por su parte, se componían así: Exploración y Producción, 64 %; Industrialización y Comercialización, 32 %.
Por su parte, las grandes petroleras internacionales mantienen sus activos concentrando el 50 % en Exploración y Producción; y el 30 % en Industrialización y Comercialización, aproximadamente.
La inversión destinada en los primeros segmentos del proceso productivo del sector de hidrocarburos, es decir Exploración y Producción (que incluye Perforación), es mucho más arriesgada y costosa que el Transporte y la Distribución. En el primer caso, la inversión debe ser permanente, ya que se debe mantener la actividad, que no siempre es segura; mientras que en el segundo, una vez hecha la instalación de la infraestructura necesaria (primera inversión), el mantenimiento es insignificante.

Por lo tanto, se trataba de un “negocio redondo” para Repsol, ya que compro una empresa que hizo el gran esfuerzo de explorar y perforar para disfrutar de los ingresos de la venta del producto y sus derivados, algo de lo que posteriormente disfruto Repsol a lo largo de todos estos años. Desde que Repsol se hizo con el control de YPF en 1999, la filial argentina ha cerrado sus balances en positivo, con ganancias que en algunos ejercicios equivalieron a casi la mitad de los beneficios mundiales del grupo español.

Mientras que el total de las reservas comprobadas del país se mantuvo, o incluso experimentó una leve subida, las de YPF (a partir de 1999 Repsol -YPF), disminuyeron.
Ante la escasez de reemplazo de reservas YPF disminuyo su producción, e inicio en 2010 un cambio de estrategia pues, para aumentar sus reservas de petroleo, comenzó a invertir en exploración y producción. En el año 2011 se ha alcanzado en YPF una tasa de reemplazo de reservas del 112% frente al 84% del 2010. La tasa de reemplazo en crudo ha sido del 169% frente al 100% del 2010. Estos datos que podemos ver en la web de Repsol contradicen unas palabras de la Presidenta Argentina Cristina Fernández, que responsabiliza a la compañía de la bajada en la producción por falta de inversión, pues si bien es cierto que la producción ha bajado en 2011 (YPF produjo un 6'5% de barriles menos que en 2010), parece ser que la causa no ha sido por la falta de inversión, al menos en estos dos últimos años, pero el comportamiento de la multinacional con la bajada de la producción de barriles de YPF y sobre todo, por la maximizacion de sus beneficios a través de las exportaciones (en claro beneficio de sus accionistas y no de Argentina, pues, es una empresa privada) si es responsable de que el gobierno Argentino haya importado el año pasado combustibles por valor de unos 10.000 millones de dolares, produciendo un fuerte impacto en su balanza comercial, amenazando el crecimiento económico del país. A todo esto habría que añadir las violaciones de derechos humanos y del medio ambiente que esta empresa realiza, pero es cuestión que aquí no abordare aquí. Y Tambien, las nueve filiales de Repsol domiciliadas en varios paraísos fiscales, según la información que figura en la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), lo que supone un grave problema para el mantenimiento del Estado de Bienestar en los países amenazando la vía más importante para financiar estos gastos que tiene un Estado, los impuestos .

En estas exploraciones de los últimos años, YPF ha descubierto un yacimiento gigantesco de hidrocarburos al suroeste de Argentina, Vaca Muerta, una verdadera perla energética. El presidente de Repsol, Antonio Brufau, aseguró que Vaca Muerta constituye "la oportunidad para soportar desde el punto de vista energético el desarrollo económico de Argentina". Pero es una apuesta a futuro que requerirá de un inversión mínima de unos 25.000 millones de dólares anuales durante una década, dinero y tiempo que una Argentina con serios problemas de abastecimiento energético no tiene ahora.. Ante esta situación la presidenta Argentina, Cristina Fernández, anuncio la intervención de YPF a través de un proyecto de ley que ha expropiado el 51% de la empresa, participada en un 57% por la empresa española Repsol, dando comienzo a una "guerra" con la empresa multinacioanl.. 

Con todo esto, Repsol tacha de ilicita la decisión y anuncia medidas legales asegurando que el Estado Argentino no ha justificado la utilidad pública que se persigue con la expropiación.

Esta medida ha armado mucho revuelo en nuestro país, los medios de comunicación demonizan al gobierno Argentino, los políticos españoles han tomado posiciones agresivas y amenazantes, declarando la expropiación de YPF como un gesto hostil hacia nuestro país.

La Comisión Europea ha advertido al Gobierno Argentino de que la expropiación del 51 % del capital social de YPF enviaría una señal "muy negativa" a los inversores y podría dañar seriamente el clima de negocio en el país. Además, señala que este problema debe arreglarse entre España y Argentina pues, el marco jurídico que se aplica en este caso es el tratado de protección de la inversión bilateral (BIT) entre España y Argentina. Legalmente se trata de un asunto bilateral y no hay un papel con base legal para la UE en relación con Argentina o cualquier otro mecanismo de arbitraje internacional bajo el BIT.

Ahora bien, cierto es que Repsol es una empresa de origen Español, pero nada tiene que ver con el gobierno Español ni con los intereses de sus ciudadanos, pues, culmino su proceso de privatización en 1997 y es propiedad de accionistas privados con sus propios intereses, ajenos a los intereses del Estado Español, pero, si bien es cierto que el gobierno tiene un compromiso con las empresas españolas y debe velar por sus intereses “allí donde haya una” en palabras del propio presidente del gobierno Mariano Rajoy ¿Realmente pertenece Repsol a españoles?



















Como podemos ver, la mayor parte de sus acciones no son propiedad de empresas o accionistas españoles, sino extranjeros, por tanto, ¿qué pinta el gobierno español en una confrontación diplomática con un país soberano cuyo problema es con una Multinacional, y no con otro estado soberano? ¿Por qué esa efusividad de nuestros representantes políticos por los intereses de una multinacional de capital extranjero (en su mayor parte)? ¿Dónde se esconden estos políticos cuando hay que defender el mantenimiento del estado de Bienestar Español ante Merkel y cía? ¿Por qué el gobierno Español no defiende los intereses de España en Bruselas como defiende los intereses de Repsol en Argentina? 
 
Personalmente, aparte de observar incredulo a lo que a mi parecer es el colmo del corporativismo, un gobierno defendiendo intereses privados de residentes extranjeros ante un país soberano, me crea la duda de si nuestro gobierno, con la connivencia de los medios de comunicación y las apariciones estelares en tono amenazante de personalidades del gobierno en televisión, mención especial al momento en que cortaron la programación para que el Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García-Margallo y el ministro de Industria, José Manuel Soria respondieran al gobierno Argentino tras este hecho (si, ese mismo gobierno que recortó 10.000 Millones de € en el párrafo 3 de una nota de prensa,), de si no estará utilizando el patriotismo que antaño uso la dama de hierro Margaret Tatcher con un conflicto diplomático como fue la guerra de las Malvinas, tras abrir la veda neoliberal con sus medidas, mas tarde recogidas en lo que se denomino “Consenso de Washington”, para desviar la atención de los ciudadanos ante el desmembramiento del Estado de bienestar al que estamos siendo sometidos, y sus medidas cada vez mas radicales contra la ciudadanía.

A modo de conclusión dejo una pregunta que es bastante compleja y conflictiva,¿Es legítimo que Argentina (como cualquier país) expropie una empresa si lo considera conveniente para los intereses de su pueblo? En las constituciones de ambos países podremos encontrar la respuesta.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Desarrollo insostenible, irresponsabilidad política

La Cumbre del Cambio Climático en Durban de este año se presentaba para muchos con un interrogante que puede parecer lógico en un primer momento.
¿No convendría esperar un poco y afrontar el desafío climático cuando hayamos resuelto la crisis de la deuda en Europa, cuando el crecimiento se haya reanudado?
La respuesta es no, actuamos a contrarreloj, el tiempo es clave ya que el cambio climático avanza y corre el riesgo de descontrolarse, agravando todo tipo de catástrofes naturales e incidiendo negativamente sobre la vida de millones de personas.
Los costes futuros de no luchar contra el cambio climático superarán por mucho a los que debemos afrontar para aminorar sus devastadoras consecuencias.

Después de 17 años de conversaciones, las naciones parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) no han logrado frenar el aumento de las emisiones de carbono. En este periodo las emisiones de gases de efecto invernadero han aumentado en un 49% a nivel mundial.
Las negociaciones se remontan a la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro 1992 organizada por la ONU.La Conferencia fue la oportunidad de adoptar un programa de acción para el siglo XXI, llamado Programa 21, que desde entonces es la referencia para la aplicación del desarrollo sostenible en los países.
La Conferencia de Río fue también testigo de la aprobación de la Convención sobre el Cambio Climático, que afirma la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que condujo a la firma en 1997 del Protocolo de Kyoto, que expira en 2011. 

Dos años después de la Cumbre de Copenhague, donde se acordó como objetivo prioritario evitar la subida de la temperatura del planeta más de dos grados, con los datos en la mano vemos que su fracaso ha tenido como consecuencia un aumento en las emisiones globales en más del 5% en 2011.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) advierte de que las emisiones se acercan peligrosamente al limite de 32.000 toneladas de CO2 que no se debe rebasar en 2020 si se quiere evitar el aumento de más de dos grados de temperatura. Los científicos estiman que, con las promesas de reducción de CO2 sobre la mesa, la temperatura media del planeta pegara un brinco de entre 3 y 3’5 grados hacia final de siglo, en algunos países, como España, esta subida media podría traducirse en seis grados más en 2100.

A Durban se llegaba con la enorme necesidad de firmar un segundo Protocolo de Kyoto, ante lo que se presentaban varios debates.
El Protocolo de Kyoto integra una radical distinción entre países desarrollados y países en desarrollo, exigiendo compromiso y actuación solamente a los primeros. Sin embargo, los cambios producidos en la economía mundial durante las dos últimas décadas están difuminando cada vez más tal distinción, pues países como Corea del Sur, Brasil, China o India, ahora son grandes economías exportadoras con industrias competitivas, y no tienen nada que ver con los países que eran en 1990. 
La AIE estima que, hasta 2035, el 90% del aumento de la demanda de energía se producirá en países no miembros de la Organización para la cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, es decir, en los países emergentes. 
Por tanto, el mundo no puede combatir eficazmente el cambio climático sin el compromiso de estos países, al igual que sin Estados Unidos, que no llegó nunca a firmar el protocolo de Kioto a pesar de ser el país más contaminante del mundo y la principal potencia económica mundial.

En el debate está presente también las cuestión de las “emisiones históricas”, pues, el cambio climático es consecuencia de las suma de las emisiones causadas por las liberaciones de carbono hechas desde el s.XX. Entre 1900 y 2008 Estados Unidos liberó a la atmósfera alrededor de 337.000 millones de toneladas de CO2, mucho más que cualquier otro país. China emitió unos 117.000 millones en el mismo periodo. Ahora está en como pedirle a los demás países que no tomarse el lujo de igualar las emisiones históricas de estados unidos para crecer.

Tras la cumbre de Durban, convención a la que no han ido primeras espadas de ningún país, lo que demuestra el interés de nuestros gobernantes en este tema tan prioritario para todos, los representantes de los gobiernos del mundo han acordado poner en marcha en 2020 unas negociaciones para un tratado que determine una serie de objetivos a alcanzar para reducir las emisiones y luchar contra el cambio climático que abarque a todos los países, algo que será devastador, ya que no es lo mismo comenzar a reducir emisiones en 2012 que en 2020.

Países como Japón, Canadá y Rusia, adheridos al protocolo de Kyoto han dejado claro que no tienen intención de firmar un segundo tratado vinculante de reducción de emisiones. Los motivos en los japoneses son el terrible terremoto y tsunami que han asolaron el país en marzo de este año, mientras que Rusia y Canadá, presumiblemente lo hacen para no rendir cuentas por sus yacimientos petrolíferos. Habrá que ver la disposición de todos los países a firmar un nuevo tratado llegado el momento, en 2020.

La Unión Europea parece ser el principal valedor del protocolo de Kioto, junto con los países más afectados por el cambio climático, pero un segundo periodo de Kyoto en el que solo este la UE, que representa el 11% de las emisiones globales, es claramente insuficiente.

Los patrones cambiantes de las lluvias, deshielo de glaciares, aumento en el nivel del mar, las sequías más largas y severas, las inundaciones y el aumento de las temperaturas, están teniendo un impacto devastador en especies animales y vegetales que pasan por un momento de supervivencia crítico y sobre todo en la vida de millones de personas, principalmente en las que tienen menos recursos y son más vulnerables, porque los países menos desarrollados son los que tienen menos medios para responder a las catástrofes.
A pesar de que muchas zonas del mundo, como por ejemplo América Latina y el Caribe o África no son de los grandes emisores de gases de efecto invernadero, si son de las zonas más afectadas por sus consecuencias.

Desde el Cuerno de África y el sudeste asiático hasta Rusia y Afganistán, en este año 2011, inundaciones, sequías  y calores extremos han sumido a millones de personas en la hambruna y la pobreza. En Estados Unidos, el año pasado sufrieron 14 desastres relacionados con el cambio climático, que costaron cada uno más de 1.000 millones de dólares.

En 2010 la Organización Meteorológica Mundial, portavoz autorizado de las Naciones Unidas sobre el tiempo, el clima y el agua, ya relacionó el calentamiento global con la ola de calor de Rusia y las inundaciones en China y Pakistán de ese mismo año.


Sin avances significativos ni una hoja de ruta clara para abordar el peligroso cambio climático. Podemos seguir engañándonos y seguir con el rosario de cumbres fallidas, sin preguntarnos a que se debe que se incumplan todas las promesas y objetivos firmados.
Estas actitudes no son accidentales, son causa de intereses del cabildeo corporativo al que pertenecen las industrias energética, química, farmacéutica, e incluso a nuevos sectores de seguridad y especializados en catástrofes, como empresas dedicadas a la reconstrucción o a la ayuda humanitaria, que cada vez más se están convirtiendo en un negocio. Los jefes de Estado y negociadores están más preocupados por la reconfiguración de los intereses geopolíticos a escala mundial donde predominan la lucha por los recursos naturales y una carrera por el crecimiento que por el oscuro destino del planeta.


La mayoría de los países pobres están en las zonas calientes, entre los trópicos de cáncer y capricornio, enfrentarse al calor, además de los problemas que trae, es caro. Estos países necesitan, por ejemplo, plantas de desalinización y infraestructuras para trasladar el agua potable, o invertir más en vacunas, para luchar contra las grandes poblaciones de insectos que transmiten enfermedades.


El Panel Intergubernamental de expertos sobre el cambio climático (IPCC) ha pronosticado que para la década de 2050, hasta 800 millones de personas en África (el 40% de la población) tendrá dificultades para acceder al agua. En América Latina se propagarán epidemias y en Asia, hasta 132 millones de personas es posible que se sumen a las que ya pasan hambre.

Reducir la contaminación es un asunto muy caro, y los países pobres no tienen la misma capacidad que los ricos para ello. Pocos países pobres se pueden permitir, por ejemplo, comprar absorbedores de alta energía o instalar turbinas de viento y paneles solares en los tejados.

Desde 2005 se ha puesto en marcha el “mercado de la contaminación”, que consiste en que un país que contamine por debajo de los limites fijados por el protocolo de Kioto pueda vender sus derechos de emisión a otros países que generen más contaminación, obteniendo un claro beneficio económico de ello. EEUU, el país que más contamina del mundo con un 25% del total de emisiones de gases y solo un 6% de la población mundial se opone a ratificar este acuerdo.

El resultado ha sido que corporaciones internacionales han trasladado sus actividades más contaminantes a los países pobres, con la intención de conseguir parte de los derechos de emisiones que reciben estos países. Además los países pobres están recibiendo toneladas de basura y productos tóxicos de los países desarrollados, que se amontonan muchas veces en sus costas. África y Asia reciben anualmente 50 millones de toneladas de residuos tóxicos anualmente, según un informe de la ONU.

Esto conlleva a la contaminación de los países pobres, que acabarán siendo un poco más pobres y más sucios.

Hay un instrumento que ayudaría a soportar esta tendencia contaminante de los países pobres, los créditos de carbono. Los países ricos pueden pagar a los países pobres para que hagan algo que reduzca los gases que provocan el efecto invernadero, logrando que los países pobres sean más ricos y su aire más limpio, plantando árboles en bosques que sirven como sumideros de CO2. Esto solo aborda parte del problema, ya que existe la duda de cuánto CO2 son capaces de absorber los árboles, además los árboles no pueden absorber otros gases como dióxido de azufre o mercurio, entre otros.

También sería importante la flexibilización de las normas de propiedad intelectual aplicables a las tecnologías para reducir las emisiones de carbono, de forma que se puedan aplicar más rápidamente y con menos coste en los países en desarrollo.

En 2009 en Copenhague los países industrializados se comprometieron a financiar con 30.000 millones de dólares a las naciones en desarrollo durante el periodo 2010-2012 para que reluciesen sus emisiones y hacer frente a los estragos  del cambio climático y en la conferencia posterior de Cancún en 2010, prometieron aumentar la ayuda económica a partir de 2013 hasta 100.000 millones de dólares  al año en 2020 a través de la puesta en marcha del Fondo Verde para el Clima que se ha acordado poner en funcionamiento en Durban este mes, una cantidad enorme de dinero equivalente al segundo rescate de la economía griega, pero que a día de hoy, no se sabe de donde va a salir, tomando en cuenta la profundidad de la crisis financiera y económica global, será difícil llevar a la realidad las promesas.

¿Ahora bien, los problemas provocados por el cambio climático nos afectarán también a los países desarrollados o solo a los países en vías de desarrollo?

El empeoramiento de la calidad de vida en estos países provocará inevitablemente que sus habitantes emigren masivamente hacia los países en desarrollo, pero además el aire contaminado de las grandes ciudades incrementa el riesgo de sufrir un ataque al corazón e impide el correcto desarrollo pulmonar en los niños, dando pie a enfermedades respiratorias.
Las comunidades más vulnerables frente a la contaminación atmosférica son los niños, los ancianos, las embarazadas y los enfermos de las vías respiratorias.

En España, aparte del aumento de las temperaturas y de la subida del nivel del mar, nos encontramos con otras muchas razones que nos obligan a reflexionar y a tomar la decisión de "entrar en acción", como la desertización del suelo, reducción de la productividad de las aguas y la tierra, mayor riesgo de plagas y enfermedades, inundaciones, etc, que provocará grandes costes económicos y humanos.

Ante todo lo anteriormente expuesto cabe la necesidad de que todos nos concienciemos en que el cambio climático nos afecta en nuestras vidas, los costes humanos y económicos que ello conlleva, que no es un problema solamente para la pobre gente sin recursos que aparecen de forma intermitente en los medios víctimas de alguna catástrofe a miles de kilómetros de nuestros hogares.

¿Cuánto sufrimiento debe aguantar la población del planeta para que nuestros representantes dejen de mirar para otro lado y sean responsables en cuanto a las consecuencias devastadoras de no afrontar el cambio climático? 





domingo, 24 de julio de 2011

Norte-Sur (2): La “batalla” por las energías renovables

La mayoría de los países pobres están en las zonas calientes, entre los trópicos de cáncer y capricornio, mientras que los ricos están en zonas templadas.
Enfrentarse al calor, además de los problemas que trae, es caro. Estos países necesitan, por ejemplo, plantas de desalinización y conductos de irrigación para que el agua sea potable y sea trasladada, invertir más en servicios públicos y vacunas, para luchar contra las grandes poblaciones de insectos que transmiten enfermedades,etc.

¿Qué pasará cuándo se calienten más?
El Panel Intergubernamental sobre el cambio climático (IPCC) ha pronosticado que para la década de 2050, hasta 800 millones de personas en África (el 40% de la población) tendrá dificultades para acceder al agua. En América Latina se propagarán epidemias y en Asia, hasta 132 millones de personas es posible que se sumen a las que ya pasan hambre.

Reducir la contaminación es un asunto muy caro, y los países pobres no tienen la misma capacidad que los ricos para ello. Pocos países pobres se pueden permitir, por ejemplo, comprar absorbedores de alta energía o instalar turbinas de viento y paneles solares en los tejados.

En realidad, la mayoría de los países pobres no contaminan mucho, ya que gran parte de su población no tiene coche, no se pueden permitir comprar artículos de usar y tirar que crean toneladas de basura, etc. Mientras que los países ricos contaminan mucho.
Desde 2005 se ha puesto en marcha el “mercado de la contaminación”, que consiste en que un país que contamine por debajo de los limites fijados por el protocolo de Kioto pueda vender sus derechos de emisión a otros países que generen más contaminación, obteniendo un claro beneficio económico de ello. EEUU, el país que más contamina del mundo con un 25% del total de emisiones de gases y solo un 6% de la población mundial se opone a ratificar este acuerdo.

El resultado ha sido que corporaciones internacionales han trasladado sus actividades más contaminantes a los países pobres, con la intención de conseguir parte de los derechos de emisiones que reciben estos países. Además los países pobres están recibiendo toneladas de basura y productos tóxicos de los países desarrollados, que se amontonan muchas veces en sus costas. África y Asia reciben anualmente 50 millones de toneladas de residuos tóxicos anualmente, según un informe de la ONU.

Esto conlleva a la contaminación de los países pobres, que acabarán siendo un poco más pobres y más sucios.

Hay un instrumento que ayudaría a soportar esta tendencia contaminante de los países pobres, los créditos de carbono. Los países ricos pueden pagar a los países pobres para que hagan algo que reduzca los gases que provocan el efecto invernadero, logrando que los países pobres sean más ricos y su aire más limpio, plantando árboles en bosques que sirven como sumideros de CO2. Esto solo aborda parte del problema, ya que existe la duda de cuánto CO2 son capaces de absorber los árboles, además los árboles no pueden absorber otros gases como dióxido de azufre o mercurio, entre otros.

Los países pobres al ser más pobres y más sucios, tendrán más dificultades para encontrar agua limpia para sus necesidades y sus cosechas, la tierra cada vez será menos habitable y debido a su alta tasa de natalidad aumentará la población, bajo esta presión estallarán conflictos.
En este punto llegará el turno de los neocolonizadores, que podrán comprar enormes extensiones de tierra a bajo precio, y gracias a sus técnicas agrarias modernas harán rentable esa tierra que para los pequeños agricultores sin recursos no lo era. Se crearán megaexplotaciones que alimentarán a la población de los países desarrollados, mientras la población local es expulsada de sus tierras y pasará hambre. A día de hoy, ya se están comprando tierras agrícolas en algunos países.

También se comprarán grandes superficies de tierras para usarlas para la creación de energías renovables destinada a los países desarrollados. En la conferencia del cambio climático de la ONU del año 2009 en Copenhague, se dijo que el norte de África podría proporcionar a Europa toda la energía que necesita. Se calcula que para suministrar energía a todo el continente europeo bastaría con cubrir con paneles solares el 0’3% del desierto del Sahara, y que con un 1% se cubriría la demanda energética del mundo entero. Actualmente ya está llegando energía a Europa desde el norte de África, pero poca. Un consorcio de empresas europeas está construyendo una red submarina de transmisión de energía eléctrica, instalaciones fotovoltaicas, térmicas y parques eólicos en 16.835 Km. cuadrados del desierto del Sahara, toda la energía que se produzca será para Europa, por lo que el continente africano no verá nada.

Esto conllevará problemas para los países ricos en forma de guerras, inestabilidad política en los países pobres y sus vecinos que afectarán a sus intereses en estos países, se bloquearán rutas de comercio, la escasez de recursos producirá inflación…por lo que los países ricos deberían ver que tienen que ayudar a los países pobres a resolver sus problemas, porque afectará a sus propios intereses. Estas ayudas en vez de préstamos y cheques, que muchas veces desaparecen sin crear un beneficio para la población, deberá ser en forma de bienes y servicios útiles, como inversiones para reducir la contaminación y limpiarla, y energías renovables que les proporcionen energía para su desarrollo, ya que estos países no cuentan con los recursos para su fabricación e innovación en este terreno y es muy costoso. Además le proporcionarían independencia energética para su crecimiento económico.

Esta desigualdad cada vez mayor tendrá efectos dramáticos para el mundo. Por lo que esperemos que los países desarrollados sean capaces de verlo e invertir la situación, para que el mundo sea mejor para todos.


Fuentes:






“futuros imperfectos” de Daniel Altman


sábado, 23 de julio de 2011

Norte-Sur (1): Neocolonialismo

En principio, tengo pensado dividir en dos partes mi exposición sobre las relaciones Norte-Sur respecto a este tema, en esta primera parte me centraré en este nuevo concepto de colonialismo de los países ricos sobre los pobres, buscando el aprovisionamiento de recursos limitados sobre todo. En la segunda parte escribiré sobre la “batalla” por las energías renovables, de entrada perdida ya por los países pobres y que creo está muy relacionada con este concepto.

Los países que no tienen los recursos que necesitan tratan de conseguirlos en otros países del mundo, dónde son ricos en materias primas pero pobres en dinero.
En el caso de Estados Unidos, China, Brasil y la Unión Europea, principalmente, esta busqueda de recursos se hace sobre todo a través de compañías privadas e inversiones extranjeras.

Muchos países en desarrollo se encuentran hoy ante una difícil situación, sus gobiernos tienen el control de minerales, metales, petróleo o tierras agrícolas, pero carecen de medios para desarrollar beneficios procedentes de su explotación.
Se les presentan tres opciones:

  1. Poner todos sus esfuerzos, recursos humanos, tecnología y capital, con frecuencia escasos, para convertirlos en fuentes de ingresos. Este es un camino lento y difícil.
  2. Otra opción es aceptar ayuda de organizaciones internacionales para que les asesoren en la explotación de sus recursos, como BM, ONU o FMI. Estas organizaciones imponen unas condiciones por su ayuda y además, supone endeudarse con ellas.
  3. Permitir la entrada de empresas e inversión extranjeras, incluso la venta de activos nacionales. Por ejemplo, la venta de la explotación de un campo de gas natural supondría unos recursos directos de 10 mil millones de euros para el gobierno del país, pero una vez extraído, su venta daría a la empresa poseedora de los derechos de explotación unos beneficios de 50 mil millones de euros. Ésta opción se elige en gran número de ocasiones ya que para el gobierno del país supone una entrada de dinero fácil para invertirlo de forma inmediata en beneficio de su pueblo, o desgraciadamente como ocurre en bastantes ocasiones, pasando a engordar las cuentas bancarias de sus dirigentes en bancos extranjeros. En Nigeria, por ejemplo, 300 millones de dólares procedentes del petróleo desaparecieron sin que el pueblo se beneficiase de ello.

En los últimos tiempos, países como Irak o Timor Oriental han elegido esta tercera vía para vender los derechos de explotación de sus campos petrolíferos.
Otro ejemplo es la compra de una empresa China de los derechos de explotación de una mina de cobre en Namibia por 27 millones de dólares.
Otras empresas están centrándose en comprar tierras en Angola, Uganda, Sudán, República Democrática del Congo y otros lugares.

Este nuevo colonialismo no es por la fuerza como antaño, los países pobres se están vendiendo al mejor postor.



Fuentes:
-“Futuros imperfectos” de Daniel Altman